OPINIÓN
ESPEJEANDO
POR PERSEO

La ausencia de cualquier persona será siempre un proceso complejo y doloroso,  tanto para su entorno familiar  como el de sus amigos y compañeros,  siendo estas por decisión propia, causas naturales o peor aún, forzada bajo formas de violencia,  todas constituyen en si una tragedia.

Para la sociedad en general,  habrá de ser  una constante la preocupación por la alteración de la tranquilidad, el orden y la paz pública.

El estado mexicano, aun conteniendo el marco legal que le obliga y legítima el uso de los mecanismos y protocolos de prevención y combate a la inseguridad, es  rebasado, cuando la propia sociedad se desmarca con actitudes de indolencia  y solidaridad en algo fundamental  que atañe  a todos.

Propiciamos inconscientemente el relajamiento de prácticas elementales del cuidado del bien común,  patrimonial y de integridad  de nuestros conciudadanos, todo comienza  tal vez cuando obviamos,  consciente o inconscientemente,  avisar o amonestar a quien tira basura  en plena calle o desperdicia  el agua, luego ya se continúa siendo omiso en casi todo lo que ocurra o acontezca en nuestro rededor. Hoy se diría, son tiempos  difíciles.

Así gradualmente  es como hemos ido  construyendo una convivencia del desentendimiento y el desánimo,  y estamos llegando a niveles donde nada parece ya alterarnos.

En ese ámbito de la zozobra por la desaparición de una persona. Se agrega  la del profesor  Jesús Hernández Castellanos cuya familia refiere su ausencia  desde el pasado domingo en esta ciudad.

Quienes  conocen al  referido docente,  saben de su congruencia ideológica  y sus pronunciamientos públicos  en torno a temas  inherentes  a su labor magisterial, sus compañeros  le reconocen  dotes de orador y comprometido luchador social,  fundador   del movimiento de bases magisteriales en la región,  siempre en defensa de  conquistas laborales y la implementación de programas  educativos federales.

El profe Jesús se inscribe en esa lista de hombres con liderazgo natural para encausar luchas sociales en las que cree participa y defiende  y nunca hasta ahora su activismo le generó,  que se sepa, confrontaciones  radicales en su contra, pues su actuar público y su discurso  de lucha social,  era conocido   y encausado  con argumentación y forma.

A nadie temía con su verdad y a nadie ofendía con su verdad. Pero hoy su desaparición, causa pesar en su familia y sus amigos quienes justificadamente exigen aparezca y se esclarezcan los hechos de su ausencia.

Hay confianza en las autoridades del gobierno del estado, en que no se escatimarán recursos  ni acciones que agilicen la pronta localización del profesor Hernández Castellanos.

Que bueno que así sea. Y que la incertidumbre  y desesperación de quienes  le aprecian y le conocen, no de lugar a que se desvirtúen hechos anticipados,  y que más de un personaje  politiquero,  pretenda dar al traste con una indagatoria seria y responsable, y quiera llevar agua a su molino aprovechando una situación delicada que merece prudencia y consideración.

Ya no pueden ser los tiempos políticos, pretextos para enarbolar banderas ideológicas absurdas a costa de la tragedia y el pesar  de las familias.  Nos merecen un mínimo de respeto como personas y como sociedad.

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