HIDALGO

CAPITAN ANTONIO REYES CABRERA… “EL TORDO”                                                                       

 

Una fábula…                                              

Una gesta heroica del pueblo…                                     

Un Héroe…

Una contribución histórica.

 

Fábula.

Cuenta la gente mayor que hace mucho tiempo en los alrededores de lo que es esta bella ciudad de Huejuta, existía este  hermoso bosque tropical que tiene a su alrededor, en el la flora y la fauna eran dignas de admirarse, porque aún no se había llevado a cabo la desforestación y depredación que hoy se tiene; que las aguas hoy contaminadas de los ríos,  arroyos y riachuelos eran limpias… cristalinas y arrastraban tras de sí, tonadas maravillosas en su constante fluir. Cuentan  que el bosque era vida… Que daba vida, no solo al hombre sino también a los animales que en el existían. Narra también la gente de mayor edad, que en cierta ocasión en época de intenso sol… de agobiante calor… de cruel estiaje… el bosque sufrió un incendio de gran magnitud donde el fuego devoraba la hierba, los arbustos y los árboles… donde todo era arrasado por las llamas…

Ante tan agobiante situación, los animales del bosque emprendían una huída despavorida, todos deseaban salir de aquel infierno desatado, huían los venados, los conejos, los mapaches, las ardillas, los tigrillos, los gorriones, las palomas, los colibries, las lagartijas, las víboras, en fín mamiferos, aves y reptiles intentaban salvarse de las candentes llamas que a su paso todo calcinaban. El éxodo era casi  total, actitud muy común cuando la vida de un ser viviente se encuentra en peligro…

Digo que el éxodo era casi total, debido a que mientras la mayoría de los animales corría en su afán de escape, un bello tordo, cuyo obscuro plumaje se confundía con el humo que brotaba de aquella siniestra quemazón,  volaba al pequeño arroyo, mojaba sus alas y regresaba a sacudirlas sobre incendio incontrolable… Una y otra vez el tordo aquel repetía la misma escena… La misma acción… Su intención era apagar el fuego. Un venado que asustado corría hacia su salvación, al ver lo hacía el tordo aquel, le dijo: Que haces tordo insensato? te vas a quemar, huye… corre… salvate… no te arriesgues… esto no tiene remedio, y… el venado una vez dicho esto, corrió más veloz de lo que solía hacerlo, mientras que el tordo aquel, no cejó en su intento, no cedió en su tentativa. A pesar de su esfuerzo, el fuego crecía… el bosque se consumía…

…Y cuenta la gente mayor que el ser supremo al ver el  esfuerzo de aquella tenaz ave, admiró su arresto e hizo que el cielo se nublara intensamente y sobre esta región hizo caer un  torrencial aguacero que sofocó tan cruel  incendio,  que sin duda, hubiese acabado con aquel bello bosque. Una vez regenerado el bosque, los animales que en el moraban, a el regresaron. En cierta ocasión, se encontró nuevamente el venado con aquel tordo testarudo que no hizo caso a sus recomendaciones y en esta ocasión el venado lo cuestionó: Porqué hiciste eso, porqué corriste ese riesgo, sabiendo que iba de por medio tu vida?. Y… el tordo sin inmutarse le contestó: Porque este bosque es nuestra casa,er l nos ha dado todo… aquí nacimos… aquí hemos crecido…aquí hemos de morir… por eso amo a mi bosque y por ese amor tan grande que le guardo, arriesqué mi vida y… lo volvería hacer si fuera necesario…

NUESTRO TORDO… NUESTRO HEROE… NUESTRO EJEMPLO.

De esta misma manera que aquel maravilloso tordo amaba su bosque y  arriesgó su  vida para que no fuese devorado por el fuego, sin duda, otro “tordo” como se le conocía a Antonio Reyes Cabrera,  amaba también  a su pueblo, a su región,  a su patria, de ahí su gesta heroica de enfrentarse sin temor a los invasores franceses, de ofrendar su existencia en defensa de México. La victoriosa acción gerrillera llevada a cabo el 21 de mayo de 1866 por Reyes Cabrera, 23 distinguidos combatientes y el pueblo que se sumó al asalto de aquella guarnición, debemos enmarcarla dentro de un contexto de defensa popular no solo de Huejutla y la región huasteca, sino elevarla a una hazaña en defensa de la soberanía nacional por la que luchaba Benito Juárez, en razón de que su alcance histórico constituye un eslabón más para que en el año de 1867 se lograra el triunfo de la Republica, cuando en Querétaro es fusilado Maximiliano de Habsburgo, baluarte de los conservadores mexicanos y símbolo de las fuerzas imperiales de la Francia de Napoleón III.

Antonio Reyes Cabrera, el Juarista, el republicano, murió en el mismo lugar donde venció al invasor, cayó en el mismo momento en que festejaba la victoria… cuando expresaba: ¡Hemos vencido! Cuando con fervor gritaba: ¡Viva Huejutla!. Reyes Cabrera murió en defensa de la soberanía nacional, en defensa del ideal de aquellos mexicanos que en verdad aman a la patria. Él, sus amigos de lucha, así como aquella gran mujer de nombre Carlota Reyes que tanto ayudó a la causa, estaban plenamente conscientes del porque lucharon en aquel  grandioso día, estaban seguros de la victoria porque luchaban por una causa justa que se basaba en propósitos y aspiraciones objetivas de la libertad.

Podemos decir que la actitud patriótica de los hombres que por una causa luchan y que por su patria mueren, son útiles hasta después de la muerte… nada de su  obra se pierde y que dentro de un proceso histórico nacional, estatal o local, constituyen pasos heroicos… avances triunfales… ejemplos insoslayables…

Así como aquel tordo, ave de negro plumaje, amó y atacó el fuego que amenazaba calcinar su bosque… así como el  Capitán Antonio Reyes, “El tordo” que por amor a su pueblo y a su patria combatió y venció a un destacamento imperial, así nosotros debemos amar  a esta bella ciudad de Huejutla, quien en la actualidad es ejemplo de superación y desarrollo a nivel regional y estatal.

Los mártires, hasta después de su muerte son útiles y necesarios…

Los mártires siempre dejan imborrable huella …

 

 

 

 

 

 

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