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El Ahogado

Éste espeluznante ser suele atrapar a quienes por alguna razón tienen que pasar por el río a altas horas de la noche

Juan Barajas Rubio

Dentro de los múltiples personajes míticos de Tamazunchale y las huastecas, se encuentra «El Ahogado». Un ser que según los que lo han visto es un excelente nadador y gusta juguetear de un lado a otro en las riberas de los ríos, posee una larga cabellera, su textura es escamosa y cubierta de lama; en noches de luna, suele aparecer en algunos parajes de los ríos Moctezuma y Amajaque.

Sus apariciones

La conseja popular dice que éste espeluznante ser suele atrapar a quienes por alguna razón tienen que pasar por el río a altas horas de la noche; se dice que nadie ha escapado a la terrible fuerza del ahogado, que cuando sujeta a una persona, no la libera hasta no verla muerta.

«El Ahogado» anuncia las crecientes que se van a presentar en los ríos huastecos, se le escucha chiflar a distancia en las noches cuando solo el correr del agua se percibe y los insectos nocturnos callan ante su presencia, su silbido es espeluznante y penetra causando un escalofrío indescriptible. Cuando algún desdichado osa estar cerca de él, el ente lanza piedras con fuerza y certeza no sólo para amedrentar a su presa, sino para derribarlo y jalarlo hacía el lecho del río, y así consumar su macabro fin de ahogarlo en las caudalosas aguas.

Este ente venido del más allá, en la época en que el único medio para llegar a Tamazunchale era por vía fluvial; es decir a través de canoas. El ahogado se hizo muy popular a tal grado que los canoeros ya se habían familiarizado con él y sabían que para alejarlo sólo tenían que lanzárle palabras altisonantes y en esa forma volvía a sumergirse en las turbias aguas del río.

En aquellos años de 1900 a 1930, se decía que el ahogado desamarraba las canoas de los embarcaderos y los dejaba a la deriva. A veces se tornaba agresivo y lanzaba piedras a diestra y siniestra. Una de las características de éste, es que nunca sale del agua y jamás se le aprecia el rostro; pues se encuentra cubierto por su horrible lama que hace las veces de pelo.

Caso reciente

Cuando laboraba en la radio como Locutor, aquí en Tamazunchale; una mañana muy temprano llegaron a verme dos Maestras de Preescolar, una era de Matamoros y la otra de Monterrey, ambas iban sin habla y totalmente pálidas, las llevaba el Delegado de la Comunidad donde trabajaban. Les pedí que se sentaran, para después que pasara su estado de shock, platicar con ellas. Así lo hice minutos más tarde regresé a verles y preguntarles qué les había provocado tal impresión. La que estaba un poco más controlada, me comentó que esa mañana iban para su trabajo hacia un jardín de niños, en una comunidad a la ribera del Río Moctezuma; a la cual en ese tiempo se accedía a través de una canoa, a diario hacían esa travesía para cumplir con su labor educativa. Pero esa mañana estaban cruzando cuando una espesa niebla empezó a bajar tenuemente, hasta llegar al espejo del agua del Moctezuma; de pronto -según me comentó la Maestra- cuando estaban a medio río, dos manos espantosas, llenas de verde lama y con grandes uñas, se asieron de uno de los bordes del bote y empezaron a mover tremendamente, con el fin de volcarlo, todos los que iban en aquel bote de madera, empezaron a gritar estruendosamente y a llorar de pavor al ver aquello tan espantoso. Pero el canoero ya conocedor de todos esos incidentes, comenzó a lanzarle groserías, mentadas de madre y a azuzarlo; de pronto las manos soltaron el borde de la lancha y se sumergieron en las verdes aguas del río. La Educadora me refirió que solo observaron como burbujeaba aquel ente en el agua, desapareciendo en las profundidades. Ellas ya no volvieron a su trabajo, dejaron sus plazas y regresaron a sus lugares de origen después de esa terrible experiencia.

Aún hoy en día a pesar de la urbanización y de la contaminación de los ríos, sigue apareciendo en noches de luna; se escucha el ruido que provoca al agitar las aguas del Moctezuma. Tal vez se resiste a dejar su hábitat y continúe su misión de atemorizar a los vivos que han deteriorado el lugar donde siempre ha vivido.

Si usted amable lector ha tenido alguna experiencia con «El Ahogado» coméntemela por favor.

Fuente: Supersticiones y Leyendas de Tamazunchale, Grafix 2017, profesor Juan Barajas Rubio.

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