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El jinete del caballo negro

Un extraño caballero de traje marrón elegante, de finos modales montado en un enorme caballo negro, llegó a donde estaba el señor a punto de quitarse la vida

Miguel Ángel Castillo Andrade


Hace muchos años, un hábil campesino, que era bueno en los negocios siempre le gustaba apostar, y gastaba todo su dinero en las diversas siembras, según la temporada, de donde obtenía muchos beneficios, pero un día perdió todo por un mal cálculo en los negocios, quedando en la más sumida pobreza.

El hombre entró en desesperación ya que los acreedores siempre lo acosaban para que pagara sus deudas, pero al no tener dinero para pagar, un día, decidió que acabaría con su vida para que de esa forma sus deudas murieran con él.

Así que cogiendo su escopeta, con el pretexto de limpiarla, se despide de su esposa y de sus menores hijos, adentrándose en su terreno de cultivo que estaba lleno de plantaciones marchitas, y sentándose en una gran piedra lamentando y llorando amargamente su situación tomó la escopeta y metiéndola en su boca, estaba a punto de apretar el gatillo, cuando es interrumpido por un extraño caballero de traje marrón elegante, de finos modales montado en un enorme caballo negro.

El campesino, rápidamente esconde la escopeta, mientras el caballero le pregunta:

-“Disculpe señor, estoy buscando el camino para llegar al poblado cercano por aquí, y creo que me he perdido, si usted tuviera la amabilidad de acercarse y guiarme para poder seguir mi camino, se lo agradecería mucho”.

El campesino, que conocía los lugares, y que además había tratado siempre con la gente, intuye que el caballero le estaba engañando a lo que le responde:

-“Señor, tengo experiencia tratando con las personas como para saber que me están engañando, así que de una vez dígame que desea para ayudarlo rápido, pues tengo otras cosas que hacer”.

El caballero, empieza a reír y responde:

-“Es cierto, no puedo mentirte, está bien amigo, te diré” y mientras sigue hablando va bajándose de su caballo “te he estado escuchando desde hace unos días, sentado en esa piedra y como lamentas tu situación, un mal negocio, pero yo puedo ofrecerte uno mejor y así tu familia no tendrá que sufrir con tus errores, ¿te parece?”.

El campesino le pregunta:

-“¿Quién es usted señor?”

A lo que el caballero responde:

“Lo sabes, pero no quieres decirlo, ¿verdad? aunque eso no es lo importante. Eres un hombre de negocios así que mi trato es justo, dinero e influencias a cambio de ti al final del plazo pactado”.

El campesino dudoso no responde lo que el caballero le dice:

-“Bueno, entonces te dejo en tus asuntos, suerte limpiando la escopeta. No eres el primero, ni tampoco serás el ultimo que acabe su vida por deudas”.

El campesino, entonces decidido le pide al caballero que se realice el trato. Y haciéndose una pequeña herida firma con su sangre un contrato en pergamino. El caballero estrecha su mano y sonriente se despide del campesino, hasta que se vuelvan a encontrar.

Mientras el campesino regresaba a su casa se percató que sus plantaciones empezaban a florecer de nuevo.
Finalmente luego de una larga vida de prosperidad económica y buenas relaciones, el campesino fallece de una extraña enfermedad incurable.

Como era la costumbre el cuerpo tenía que ser llevado cargado al pueblo más cercano para ser enterrado. Mientras los cargadores estaban dándose un descanso a eso de las 12 del día, advirtieron que un extraño remolino de polvo apareció de repente y se posó sobre el ataúd del campesino, introduciéndose todo éste dentro del ataúd.

Los cargadores algo extrañados decidieron continuar su camino para llevar a enterrarlo en el pueblo, aunque el ataúd estaba muy pesado.

Sin embargo así fue que lo dejaron en su destino final, y aun mucha gante decía que apenas al oscurecer, dentro del panteón se escuchaba mucho el galope de un caballo.

Era aquel jinete que venía ahora por la parte final del trato.

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