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El temblor que sacudió los corazones

  • A dos años del temblor que sembró el precedente en cuanto a organización y solidaridad para ayudar al prójimo en la tragedia, sin colores ni prejuicios.

Ángel Osiris Castillo García

El 19 de septiembre del 2017, el día en Tamazunchale había comenzado con su agitado concurrir de vehículos y gente, a lo cual se sumaba una protesta por parte de familiares y amigo de una maestra que había sido detenida por presunta sustracción de menores, una marcha con pocos asistentes partió desde Zacatipán hasta el juzgado mixto de primera instancia, la señal de los teléfonos celulares se había perdido, nada fuera de lo usual en el servicio que presta la compañía predominante, pero nadie esperaba los mensajes que llegaron cuando se reestableció la señal.

Las voces callaron

Parados frente al juzgado, con las cartulinas de protesta aun en las manos, los manifestantes gritaban consignas en contra del juez que llevaba el caso de la maestra Marichuy, quien llevaba ya varios días presa en el penal de Tamazunchale, exigiendo su libertad al considerar que no había hecho otra cosa que cambiarle para bien la vida a un niño.

Habían marchado desde Zacatipán realizando un bloqueo de la circulación, hasta el crucero y de ahí hacia el boulevard, algunos medios cubríamos la protesta, de pronto notamos que la señal de celular se había ido, nada nuevo en esta zona de la huasteca en donde es común que falle de manera constante y prolongada, por lo que simplemente continuamos con nuestra labor.

De pronto la señal regresó, lo teléfonos celulares comenzaron a sonar de manera unísona al recibir los mensajes acumulados y por inercia todos comenzaron a revisarlos para responderlos, casi de forma sincronizada como el sonido de los teléfonos, el rostro de los presentes comenzó a descomponerse y los gritos callaron, todos comentaban con horror el contenido de los mensajes.

Un sismo de 7.1 grados en la escala de Ritcher azotó la zona centro y sur del país, ocasionando la caída de casas y edificios en la Ciudad de México, incluyendo un colegio en donde se reportaban varios niños y maestros fallecidos.

Rápidamente los manifestantes comenzaron a dispersarse, abandonaron sus cartulinas y comenzaron a llamar a familiares y amigos que vivían en la Ciudad de México, la impotencia de no saber que había pasado con ellos y si estaban con bien se apoderó de todo el municipio, dado que después de Monterrey, la Ciudad de México es el principal destino de migración para buscar trabajo.

Incertidumbre, alivio y desolación

Nery Pérez, ex líder sindical y actual secretaria del área de comunicación social del ayuntamiento, era una de las miles de personas que recibió la noticia del temblor como balde de agua fría, debido a que una de sus hijas se encuentra trabajando en una farmacia en la ciudad de México, y por un momento batalló para poder localizarla debido a que las líneas estaban saturadas y la red telefónica celular colapsada.

Finalmente pudo hacer contacto con su hija y el alma le volvió al cuerpo, se encontraba bien, no fue afectada por el temblor estaba trabajando y atendiendo de forma intensa a los cientos de personas que acudían buscando gasas, vendas, alcohol, analgésicos, y otros implementos de primeros auxilios para atender a los miles de heridos, quedándose rápidamente desabastecidos.

Refirió que  a un familiar su casa se le vino abajo con el temblor pero afortunadamente seguían con vida y sanos, todo era un caos, sin techo donde dormir, sin electricidad, sin agua potable, y el terror a causa de las réplicas que se seguían presentando.

Del shock a la acción

Pasadas las horas, el llamado hacia la población fue lanzado, las víctimas del temblor y los brigadistas necesitaban ayuda por lo que se comenzaron a instalar centros de acopio en la plaza principal, alimentos enlatados, botellas de agua, medicamentos entre los que se incluía la metformina para diabéticos, pañales, juguetes, ropa, todo aquello e incluso herramienta.

Los grupos de atención de emergencias conformados por voluntarios se instalaron en la plaza principal, organizaciones como los Desterrados Huastecos, así como escuelas y otras negociaciones se instalaron, e incluso políticos de diferentes colores trabajaron sin recelo, el ayuntamiento entró a coordinar a través de algunos departamentos para canalizar toda la ayuda mediante camiones hacia la ciudad de México así como municipios del Estado de México que también fueron afectados, y para garantizar que la ayuda fuera entregada realmente a las personas afectadas, viajaron representantes de cada organización para ser testigos de la entrega.

El precedente de lo que vendría

Conforme pasaron los días, la ayuda se fue haciendo menos necesaria, aunque la gente seguía llegando más apoyos en especie, después de una semana se dio por terminada la recaudación, pero esta movilización vino a servir como una muestra del trabajo organizado que marcó un precedente para lo que vendría después, la solidaridad y la hermandad en la tragedia.

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