HIDALGO

La cara obscura del Sueño Americano

“Fue horrible ver como ese río se tragó a la mujer y al hijo, solo se perdieron de vista en menos de cinco minutos se ahogaron… nadie hizo algo por ayudarlos”.(Segunda parte)

 

Zimapán, Hgo.- El sueño  americano se puede oír entre pobladores de la cabecera municipal, en relatos que pasan de generación en generación desconociendo las verdades que encierra en sí el tan anhelado “paso gabacho”, como los jóvenes zimapenses lo conocen.

Una forma muy peculiar de cruzar hacia los Estados Unidos es de “mojado”, nadando en las aguas del río Bravo, en sus más de 3034  kms de cauce sus aguas lo convierten en un verdadero peligro para los miles de ciudadanos que intentan alcanzar el “sueño americano”.

Mi nombre, Jesús Trejo García, soy originario de una comunidad llamada las Vegas, ubicada entre los límites del estado de Querétaro e Hidalgo, en mi tierra es muy difícil salir adelante, aquí no existen los empleos, estamos alejados de la civilización, sobrevivimos de lo que se cosecha en las milpas, de los animalitos de granja, de lo que el río Moctezuma nos regala, sus pescaditos. Los trabajos que se llegan a dar son en temporadas cuando la C.F.E  en la casa de máquinas contratan gente para dar mantenimiento a sus instalaciones y eso solo dura unos dos o tres meses y hasta ahí.

El sueño de querer ser alguien con dinero, salir de esta marginación te pega, todo empieza con los comentarios de los amigos, familiares de los que están del otro lado, _que Luis se fue, que está ganando mucho dinero, que ya hasta compró troca y que muy pronto hará casa_. Ahí nace el sueño gabacho, sí ese anhelado sueño de querer ir a ganar dólares; a mí me pasó, un día escuché a unos compañeros de aquí de la comunidad y me animé.

Hace 25 años me lancé a los Estados Unidos en busca de ser un norteño con dólares y llegar con mi troca  y la gringa de un lado, la verdad llegue sin nada, peor de cómo me fui.

“El pollero” nos explicaba que si sabíamos nadar no pasaría nada, y pues uno siempre ha vivido a orillas del río, me decía _yo toda la vida he nadado aquí, que no sería difícil hacerlo allá_, hicimos el viaje hacia Reynosa Tamaulipas, dos días más o menos de trayecto en autobús, cuando llegamos allá nos hospedó en un hotel llamado “La Gloria”, más bien era un chiquero, olía muy mal y aparte las organizaciones delictivas que imperan en la zona siempre andan de tras de uno, y qué decir de las autoridades son peor, en ese lado todo está carísimo, te ven como una alcancía de dinero.

En el hotel nos reunimos una tarde para alistar el modo en que pasaríamos y arreglado todo, salimos al punto de cruce llamado el Sabinar, por unos sabinos que están a orillas del río, era de noche, el “Coyote” nos explicaba _ Esta es la zona menos profunda, el agua les llegará hasta la cintura, solo hay que caminar en línea recta uno tras otro y en 5 minutos estarán del otro lado_, procedimos a quitarnos la ropa, el agua muy fría, nunca había sentido un remanente de agua así de frío; procedimos a atravesar hacia el otro lado, a mitad del río empezó la locura, el cauce es muy fuerte, bastante y se hacía muy hondo caminar sobre él.

La verdad, con lo helada que el agua estaba los calambres empezaban a darse en las piernas, no podías caminar y menos nadar, algunos compañeros se perdían  en el afluente en plena obscuridad y el “Coyote” solo decía síganle, síganle allá abajo los atrapan los otros ustedes síganle; los perdíamos en un abrir y cerrar de ojos, las mujeres se ahogaban pues casi no aguantaban el frío y de los niños que llevaban era peor, después oíamos luces y sirenas, y el punto de llegada estaba lleno de gente de Migración y pues a regresarse a medio cauce con toda esa fuerza que el agua lleva era casi imposible nadar; cuando estábamos en tierra a correr por que la policía local llegaba y nos arrestaba o pedía cuota para dejarte ir.

A la mañana siguiente se buscaba otro punto, en esta ocasión llevábamos cámaras de carros o chalecos salvavidas para flotar mejor según el “Coyote”, si alguien sabe de física la primera ley dice que los músculos del cuerpo no flotan y menos en un río tan violento como lo es el Bravo, por horas escondidos entre los matorrales observábamos a Migración hasta que se iban para poder cruzar. En ese lapso pude observar que en un punto se veía algo flotando, era el cuerpo de uno de los compañeros que intentó un día antes con nosotros cruzar, estaba boca arriba ahogado, el “Coyote” solo decía _Ya le tocaba al canijo no se preocupen_, alrededor de las 03:00 am intentamos cruzar, primero un grupo de seis: dos mujeres, tres hombres y un niño como de ocho años, sobre la llanta a mitad del río Migración los ve, les grita y dispara a la cámara, el aire se sale y todos caen al agua; fue horrible ver como ese río se tragó a la mujer y al hijo, solo se perdieron de vista en menos de cinco minutos, se ahogaron nadie hizo algo por ayudarlos. Al día siguiente estaban en un paraje del mismo a orillas del cauce flotando, Migración recogía los cuerpos, _Sí cruzaron, exclamaba el Coyote _aunque sea en otra vida, riendo lo decía, fue muy difícil.

Cuando a mí me tocó cruzar, conocí que el agua no es un juego, ese río casi me mata, por encima se ve tranquilo pero las corrientes están por debajo, nadé como siempre lo hacía en el rancho pero su caudal era más fuerte, me arrastró como un kilómetro, gritaba que me ayudaran y nada, el agua me hundía una y otra vez; los Migra no hacían nada por ayudarme y menos los del lado mexicano al contrario para ellos es un juego ver quién pasa y quién no. Pude salir porque un grupo de indios de esa zona de allá me lanzaron una reata y me jalaron y dicen que los mexicanos somos así indios.

Me sacaron, me echaron a una carreta y me llevaron para su rancho, ahí me ayudaron, encontré trabajo pero nada fácil, existe mucha discriminación, todo el tiempo vive uno con el temor de que te deporten, o en su caso te metan a la cárcel a mí me pasó solo por ser moreno y vestir vaquero estuve recluido diez años en la cárcel, no podía hablar con mi familia, no sabían nada de mí y cuando me deportaron, me dejaron en Tijuana en la frontera.

Ahí conocí lo que es la violencia, un amigo que seguía allá me enviaba dinero  para regresarme a mi tierra pero la delincuencia está muy crítica, me robaron, golpearon y qué decir que fueran vándalos era la misma policía, no puedes confiar en nadie allá; la verdad es algo que no se le desea a nadie, me vine pidiendo raites solo así llegué a Zimapán, sin zapatos, descalzo y con hambre; aquí un familiar me recogió y llevó para el rancho, después de tres meses lo intenté de nuevo, me fui con un hermano e igual lo mismo, cruzamos el río esta vez nos fue peor… él se ahoga frente a mí, no pude ayudarlo, lo intenté pero sentí que algo me mordió en el agua, una serpiente de agua, no sabía que existieran, sabe qué paso, no lo recuerdo, desperté en un albergue de Reynosa acostado en una cama sin mi pierna izquierda, me la amputaron por que le cayó gangrena por la mordida; me encontraron a los tres días y de mi hermano jamás supe de su cuerpo.

Así es el famoso “sueño gabacho”, no es cierto que todo sea lujo y dólares allá hay mucha discriminación y lo peor se saca uno un boleto a la fosa común pues en el intento siempre se muere gente, es muy doloroso, aquí es común que lleguen paisanos en ataúd, lamentablemente así es y será hasta que no existan fuentes de empleos que nos ayuden; hoy vivo de mis tierras y cosechas y el consejo que les doy es el mismo… Piénsenlo porque hoy fui yo, mañana podrían ser ustedes.

No es cierto que todo sea lujo y dólares allá hay mucha discriminación y lo peor se saca uno un boleto a la fosa, refiere Jesús Trejo García.

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