HIDALGO

La cara obscura del Sueño Americano

“Si alguien quiere saber dónde está el infierno yo lo llevo, se llama Desierto, es horrible, el calor quema, te mata, te revienta la cara, sudas a manos llenas, la arena caliente te traspasa la suela de los zapatos, las ampollas no te dejan caminar”. (Primera parte)

 

Zimapán, Hgo.- La ciudadanía zimapenses se encuentra consternada con lo que se vive a diario con su población, la falta de empleos en esta cabecera municipal propicia que jóvenes salgan en busca del tan anhelado “sueño gabacho”, así como dicen ellos, sin saber que ese sueño es solo una muerte segura. Durante 6 reportajes con testimonios reales de lo que se vive en ese lapso de querer ser parte de una sociedad americana, se expondrán las dificultades a las que se enfrentan en busca de una mejor calidad de vida.

Con la mirada cansada, postrado en un sillón en pleno centro de Zimapán Gabriel González Arteaga de 56 años hace un suspiro y comenta, “pues ahí les va mijo, las problemáticas aquí en este pueblo son muchas, no hay fuentes de empleo, la minería es muy mal pagada, existen riesgos pero es más preferible morir bajo tierra que lejos de casa. Mi infancia fue muy dura, papá nos abandonó desde chicos, mi madre hacia hasta lo imposible por sacarnos adelante, soy el mayor de 4 hermanos, ese sueño de ganar dólares se convirtió mas en deseó que anhelo; recuerdo que llegaban los norteños con sus trocas y las rubias esas gringas y derrochaban dinero, _ algún día yo seré así_,  me decía, a mis 16 años un tío me echó la mano y aquí empieza mi travesía”.

_Partimos hacia el estado de sonora, solo con dos mudas de ropa y un par extra de zapatos, mi juventud e inocencia se rompían para sacar adelante a mi madre y hermanos, el viaje duró 2 días, llegando a la frontera entre México y Estados Unidos el Coyote nos habló claro y directo, _caminaremos sobre el desierto de día y noche, descansando solo 4 horas_, Así de simple… Cargamos agua y comida enlatada, en ese entonces no estaba tan difícil atravesar hacia el norte, si alguien quiere saber dónde está el infierno yo los llevo, se llama Desierto, es horrible, el calor quema, te mata, te revienta la cara, sudas a manos llenas, la arena caliente te traspasa la suela de los zapatos, las ampollas no te dejan caminar y la noche es más fría que un cubo de hielo sacado del refrigerador, lo más difícil es aguantar caminando. Nunca en toda mi vida había sentido tanto miedo de perderme, aún así entre kilómetros y kilómetros de arena y arbustos no sabes dónde estás, es enorme… solo recuerdo que había gente que se quedaba y el Coyote no los esperaba, les decía aquí espérense en un rato más pasará Migración; la verdad no sé si pasaron o no”.

Lo que sí les puedo asegurar es que en mi trayecto vi morir gente por deshidratación, golpes de calor o en la noche cuando dormíamos pensar que el desierto es arena, no es así hay animales, víboras de cascabel mordían a los compañeros y ahí los dejaban o peor un alacrán te picaba y ahí quedabas; en el camino llegué a encontrar esqueletos. Quién iba a pensar que a mis diez y seis años lo vería; si aguanté fue porque mi tío me ayudó, la verdad, ese país no tiene nada de cultura expresa y las lágrimas salen a relucir en una voz algo quebrada.

Llegas a allá y piensa uno que todo es color de rosa, no es cierto se sufre bastante, laboré diez años en el campo en la siembra de sol a sol, hasta jornadas de 18 horas seguidas por ganar unos cuantos dólares para sacar adelante a la familia, la espalda te carcome en dolores inaguantables por estar mucho tiempo agachado, los capataces te tratan peor que a un perro y la comida te la daban casi en el piso; la necesidad te obliga a aguantar de todo, tardé 20 años en regresar a mi tierra, soy de una comunidad llamada San Andrés Tosthy marginada por la falta de trabajo, cuando vine lloré, juré que no regresaría y a los dos años ahí voy de nuevo, la pesadilla se hizo presente caminar 20 días en el desierto, de un grupo de 40 gentes solo 25 cruzamos, tres compañeros murieron en el desierto, amigos de viaje, como quieras decirle; a uno lo mordió una cascabel… fue horrible verlo morir aún lo recuerdo, la pierna estaba negra a punto de estallarle por la mordida, sus gritos se oían a kilómetros de donde lo dejamos, al otro lo pico un alacrán durmiendo, la verdad no sé si sufrió solo ahí quedó, y el otro se desmayo en la arena, se deshidrato, no se levantó, sus labios estaban morados, tronados por el calor.

Me fui porque ya tenía una responsabilidad, llegué y pues conocí a Eduviges, mi mujer, la embaracé ya sabe, tengo dos hijos, bueno solo me vive uno, Cleto porque mi Urbano murió en el desierto así como aquellos que vi morir, su cuerpo llegó en un ataúd rojo laqueado, no lo abrí, en el reporte decía que murió por un golpe de calor, que solo la mitad de sus rostro era visible por que los buitres lo habían picado… imagínese el sueño gabacho, el norteño, es un boleto seguro hacia otra vida. Hoy relato mi historia porque no quisiera escuchar que otro paisano murió en el intento, quisiera que los jóvenes en lugar de pensar en ese sueño mejor estudiaran, que buscaran algún trabajito de medio tiempo y que le echaran ganas; hoy en día está muy difícil cruzar hay mucha violencia y qué decir de las mujeres, mejor me reservo el comentario de lo que se vive, duele y no se olvida; más el trato inhumano que se te da en ese país, te discriminan, tengo cinco nietos, dos mujeres y tres varones, dos de ellos de mi Urbano y uno de ellos ya tengo 2 meses sin saber de él, se fue al sueño americano; Hoy hablo porque soy uno más de los que soñaron sin pensar que un día ese sueño sería un boleto a la morgue o en su defecto a la fosa común.

Hoy relato mi historia porque no quisiera escuchar que otro paisano murió en el intento, dijo Gabriel.

 

 

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