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La Leyenda del Pípila

En este mes de la patria existen historias maravillosas en torno a nuestro nacionalismo, sin embargo alguno dudan de que muchas de ellas sean veraces

Miguel Ángel Castillo Andrade

Desde niños aprendimos en la escuela la historia del Pípila, un valiente personaje que durante la lucha de Independencia aceptó arriesgar su vida, llevando una losa sobre la espalda, para incendiar la puerta de la Alhóndiga de Granaditas.

Pero, ¿de verdad existió El Pípila? ¿Quién fue este personaje que es emblemático en Guanajuato? Primero recordemos la leyenda en cuestión:

Un modesto minero, oriundo de San Miguel de Allende, pero que por entonces trabajaba en el vecino mineral de Mellado: Juan José de los Reyes Martínez, más conocido en la historia por el mote de «Pípila»
Hidalgo, una vez descubierta la conspiración, reunió un puñado de gente del pueblo, entre quienes se encontraban los reclusos de la cárcel, y con ellos los que se iban reclutando en el camino, llegó a Guanajuato.
Su objetivo principal era tomar la inexpugnable Alhóndiga de Granaditas donde el intendente Riaño se pertrechó con los soldados de la guarnición. Los tesoros que estaban a su cuidado (como tres millones de pesos), plata en barra, dinero en efectivo y hasta un azote de la Real Hacienda, además de armas, municiones y alimentos, necesarios para resistir el sitio.
El combate fue espantoso y los actos de valor y heroísmo se sucedían de uno y otro bando. Durante la cruenta e inenarrable batalla,
Según cuenta la leyenda, ese hombre del pueblo, humilde barretero de Mellado, apodado el Pípila, habría sido quien se ofreció a derribar la puerta de la fortaleza de la Alhóndiga. La única manera de ingresar era derribando la mencionada puerta y entonces, se echó sobre la espalda una losa de piedra, provisto de una tea, y caminando a rastras fue avanzando a pesar de la balacera a la cual fue sometido abriéndose paso con mucha valentía y decisión llegó hasta la puerta misma de la Alhóndiga, a la que prendió fuego, después de haberle untado brea. Al ceder la madera, la multitud se abalanzó sin importarle que muchos caían muertos ante las descargas cerradas de los españoles. Caían unos, y sobre ellos pasaban otros, para sostener en el patio del edificio, la lucha cuerpo a cuerpo, igualándose de ese modo las fuerzas, pues las armas de fuego ya no valían en ese momento.
De esta manera lograron los insurgentes tomar la Alhóndiga, pero de no haber sido por el arrojo del «Pipila», Hidalgo no hubiera tomado Granaditas y la suerte de la insurrección habría sido otra, es decir la independencia de México se habría consumado, pero quién sabe cuánto tiempo más tarde, en qué condiciones y a costa de qué sacrificios.
Hasta aquí la leyenda, pero que dice la historia?

La primera noticia que tenemos sobre El Pípila la escribió el historiador y cronista José María de Bustamante, quien publicó una serie de textos en los que narraba la historia de la lucha de Independencia.
Dichos textos fueron publicados inicialmente en la prensa, pero entre 1844 y 1846, se recopilaron en tres tomos bajo el nombre de Cuadro Histórico de la Revolución.

Es justamente en estos textos en los que Bustamante narra la historia del Pípila. “Rodeado de un torbellino de plebe, [Miguel Hidalgo] dirigió la voz a un hombre que la regentaba y le dijo: ¡Pípila! … La patria necesita de tu valor… ¿Te atreverás a prender fuego a la puerta de la Alhóndiga? La empresa era muy arriesgada, pues necesitaba poner el cuerpo en descubierto a una lluvia de balas; Pípila sin titubear dijo que sí. Tomó al intento una losa ancha de cuartón de las muchas que hay en Guanajuato; púsosela sobre su cabeza […] y casi a gatas marchó hasta la puerta de la Alhóndiga, burlándose de las balas enemigas”.
La figura del Pípila y su proeza despertó gran arraigo popular, el pueblo se identificó de inmediato con el minero que arriesgó su vida por la causa de la Independencia, a tal grado que al paso del tiempo se consolidó como la versión oficial de la historia.

Se dice que El Pípila nació en San Miguel de Allende; su nombre real era Juan José de los Reyes Martínez.

Hay dos versiones sobre por qué Juan José se ganó el mote de Pípila. En el Bajío, pípila es la palabra con la que se designa a los guajolotes o pavos, se dice que Reyes Martínez recibió este apodo debido a las pecas que tenía y que le daban un aspecto punteado similar al plumaje de dichas aves de corral; otra versión señala que su risa parecía un graznido.

Lucas Alamán, un influyente historiador del bando de los conservadores en el siglo XIX, refutó la versión de Bustamante sobre el Pípila y aseguró que este personaje era invención sin sustento real.
Sin embargo, la figura de El Pípila, se eleva por sobre las controversias, siendo muy conocida su historia de heroísmo y valor.

Referencia. Leyendas costumbres y tradiciones de México

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