Aquismón

La necesidad por encima de la pandemia

  • Doña María, vendedora de semillas y frutas, comenta como el coronavirus ha traído a su vida dolor muscular y cansancio, aún sin haberlo contraído, al volver más difícil su trabajo diario.

Aquismón, S.L.P.- Desde muy temprano doña María Estefana Martínez Sebastiana, habitante de la comunidad de Tampate 1ª Sección, a sus 68 años sale con un cajón cargado de fruta, el cual hace contrapeso en su frente  y un morral lleno de botana en la mano, es como se le ve por la cabecera municipal, sin importar las condiciones del clima, pues con lluvia, sol o frío esta mujer repite su rutina cada día, incluso si le dicen que existe una pandemia llamada coronavirus y que debe quedarse en su casa, sabe que la necesidad y que un estómago vacío no conocen de limitante  alguna, ni siquiera un virus mortal.

Doña María nos recibió en su casa, ubicada tras de los juzgados de la comunidad, sentada en una loma en donde no hay escalones ni calle, solamente una vereda a la sombra de un viejo y robusto mango, nos abrió las puertas de su hogar y aunque no entiende muy bien el español y algunas palabras las pronuncia de manera diferente, aceptó contestar cada una de las preguntas como si de una plática más se tratase.

Ella vende botana y fruta de temporada, diariamente sale a pie desde su hogar y recorre casa por casa con un cajón sujetado en su frente a la espalda y un morral en la mano, siendo el sustento de siete personas, dado que su esposo trabaja sus parcelas en el campo no existen los días de descanso para doña María: “todos los días salimos a vender a pie porque no hay dinero para ir en camión  y pu’s ahorita nomás yo trabajo porque no hay chamba, luego tu esposo (refiriéndose a su esposo) trabaja, pero no le pagan porque como es tu terreno”.

Con doña María  viven siete personas: su  hija, un hijo, quien padece osteoporosis y su nuera con una niña de 2 años, además de una sobrina, su esposo, quien también es un adulto mayor y ella, quienes comparten una vivienda de tres cuartos, su esposo trabaja el campo, por lo que rara vez convive con personas ajenas a las de su hogar, sin embargo, su nuera y su hija, y por supuesto ella, saben de manera cotidiana al pueblo de Aquismón.

En su  diario caminar ha escuchado en las últimas semanas como las personas le piden quedarse en casa por la pandemia mundial que cada vez se encuentra más cerca de la zona Huasteca: “si he escuchado, pero yo no le creo porque si se cree te va espantar más, entonces, solamente Dios sabe, dijo la gente que ya no andamos vendiendo, me dijo que regrese an la casa, para que no se enferme”, y agregó que espera que su fe en Dios  sea más fuerte que este virus que para las personas de la tercera edad, como ella, puede resultar mortal.

Doña María empieza a resentir el impacto económico como ha pasado con los comerciantes en toda la zona Huasteca, pues personas con quienes trabajaba ayudándoles a vender sus productos le suspendieron las labores a fin de no exponerla por ser una persona de avanzada edad y encontrarse dentro de uno de los grupos con mayor riesgo de muerte por COVID-19: “ahora van a cancelar ahí donde ayudo an vender nopal porque van a cancelar el señor, lo que yo ayudaba porque mucha gente le dijo que ya no nos andamos an vendiendo”, lamentablemente una de sus  fuentes de empleo fue suspendida, sin embargo, señaló que ella seguirá vendiendo lo poco que se pueda.

Su trabajo se volvió más difícil, pues ya no hay mucha gente en la calle e incluso en los hogares las familias no quieren abrir, ahora dijo tiene que detenerse y enseñar su producto para ver si alguien lo compra, además ahora tarda más para terminar su venta diaria, la cual se limita a máximo 90 pesos, anteriormente salía a las 9:00 a.m. y regresaba alrededor de las 3:00 p.m., sin embargo, ahora dijo tiene que caminar hasta las 7:00 p.m. para poder sacar esos 90 pesos diarios.

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