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Las fortalezas de la Nueva España y la guarnición de Villa de los Valles  

Miguel Ángel Castillo Andrade
En 1724, Pedro Rivera, General Brigadier, recorrió más de 12.000 kilómetros, tardando 3 años y medio en visitar los presidios emitiendo un informe al virrey marqués de Casa Fuente, quién dictó normas para poner orden en las guarniciones.

Informe militar de 1725 del Brigadier Pedro de Rivera que visitó Villa de los Valles por encomienda del virrey para informar de las condiciones de la guardia del Imperio asentada en esta plaza

 A pocos años de consumada la conquista se establecieron en el Nuevo Mundo técnicos con patente de ingenieros militares que tuvieron a su cargo el diseño, dirección y construcción de numerosas obras, tanto de carácter militar como civil. A lo largo de primer siglo de dominio colonial destaca su actividad en la defensa de los territorios del Imperio al establecer, desde finales del siglo XVI, un plan de defensa para el golfo de México, el mar Caribe y América Central.

 

Presidios de la Frontera

 

En 1717 llegó a Nueva España el ingeniero Francisco Álvarez Barreiro, como parte de la comitiva del virrey marqués de Valero. Regresó a la península ibérica en 1720, y dos años después estaba de vuelta en el virreinato con el nombramiento de ingeniero en jefe del Nuevo Reino de Filipinas, Provincia de los Tejas, destinado a la inspección de los presidios de la frontera norte que dirigía el brigadier Pedro de Rivera.

La expedición inició el 21 de septiembre de 1724 y debió visitar todos los presidios.

 

Visita de Pedro de Rivera

Proyecto mandado hacer por el Excelentísimo Señor Marqués de Casafuerte, Virrey, Gobernador y Presidente de la Real Audiencia de ella. Deducido de la visita hecha por el Brigadier Don Pedro de Rivera.

Aquí el texto integro de la descripción de la guarnición de Villa de los Valles escrita por el Brigadier Pedro de Rivera en 1924.

 

Villa de los Valles

 

“Cuando por motivo de hacer visita pasé a la Huasteca, hallé una escuadra de ocho soldados que guarnece la Villa de la Valles, comandada por el Alcalde Mayor, quien les paga sus sueldos del caudal que rinden los tributos que pagan al rey los indios cristianos”.

“Siendo los ministerios en que dichos ocho soldados se ejercitan, los de hacer la guardia a la casa de dicho Alcalde Mayor y el de acompañarle cuando sale a los pueblos de aquella provincia, porque el respecto de aquellas armas, lo haga de todos más atendido y siendo cierto que los habitadores de aquellos contornos se llaman y titulan soldados, a causa de que siendo los más de ellos de color quebrado están exentos de pagar tributo, viviendo con la obligación de hacer el servicio en las funciones que se ofrecen contra los indios enemigos, que es el mismo modo que se practica en Real de Guadalcazar, que está al oeste de la citada Villa de los Valles”.

“Acudiendo los vecinos de aquella jurisdicción a la cabecera al tiempo que les toca a cada uno salir con su escuadra a vigilar las tierras y sus puertos por cada luna nueva, que es el estilo que observan para defenderse de las invasiones que ejecutan los indios enemigos, y como el vecindario de la dicha provincia de la Huasteca en que está la referida Villa de los Valles, sea numeroso, según todos lo aseguran y hagan el servicio en forma que acostumbran, como me lo confesó el mismo Alcalde Mayor, asegurándome que el Jueves Santo ponían para la guardia del monumento, ciento cincuenta hombres armados a caballo, por ser el tiempo en que los indios contrarios intentan ejecutar hostilidades, agregándose a aquel numero otro mucho más crecido que componen los que a pie asisten a la función de aquel día”.

“Se hace patente que la escuadra de dichos ocho soldados que guarnece la referida Villa de los Valles, sirve solamente de autorizar a aquel Alcalde Mayor y no de dar alivio alguno al país, por ser los mismos vecinos de él los que lo guardan”.

“Por lo que soy de sentir que dicha escuadra de Villa de los Valles debe excluirse para que la cantidad de 2,800 pesos que inútilmente consume en pagar los sueldos a los ocho soldados que la componen, se apliquen en urgencias que al servicio del rey sean necesarias”.

“Y porque he dicho en este proyecto que si estos ocho soldaos, como otros, deben quedar excluidos, me parece conveniente insinuar que esta exclusión no se ha de hacer de forma que separados de sus cuerpos puedan agregarse a otros; los uno, porque no hay al presente alguno que los necesiten, y lo otro, porque siempre que sea necesario, se podrán reclutar los que fueren precisos de buena calidad para cualquier expedición que se ofrezca”.

 

Referencias

 

Pedro de Rivera and the Military Regulations for Northern New Spain, 1724-1729, Tucson, The University of Arizona Press, páginas 202 y 203.

Odie B. Faulk, “The Presidio: Fortress or Farce?”, en David J. Weber, New Spain’s far Northern Frontier, 1979, pp. 67-76.

Luis Arnal “El sistema presidial en el septentrión novohispano, evolución y estrategia de doblamiento”, en Scripta Nova. Revista electrónica de geografía y ciencias sociales, vol. X, núm. 218 (26), 2006.

Pedro de Rivera, Diario y derrotero de lo caminado, visto y observado en la visita que hizo a los presidios de Nueva España Septentrional el Brigadier Pedro de Rivera, 1936.

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