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Leonardo da Vinci A 500 Años de Distancia

El gran artífice de la genialidad.

A quinientos años de su muerte, los cuales se cumplirán el próximo dos de mayo, comparto algunos datos de este personaje sobresaliente en la historia de la humanidad.

La historia de Leonardo es en realidad toda una odisea, la tragedia de un hombre cansado de pintar, célebre en tierras italianas por no concluir los encargos y repudiado por su espíritu crítico e investigador. Una figura extraña por no doblegarse ante ningún dogma y, a la vez, con la actitud camaleónica de corromper sus ideales en busca de una gratitud y un reconocimiento que nunca llegaron.

Esa es la historia que deseo contar. Sé que no es fácil desprender la pátina de genialidad que hemos depositado en su figura a través de los siglos y, sin embargo, no deja de ser más atractiva y más poderosa su efigie de hombre mortal, de carne y hueso, con aciertos y errores, victorias y fracasos. Un hombre que vivió y sobrevivió. Un hombre.

Sus autorretratos, bocetos del genio no dejan de ser un eterno homenaje a sus facciones. También a los rasgos que hicieron de Leonardo un individuo superior o inferior, pero sin duda un espíritu especial. A través de estas letras comprobaremos que en su universo siempre hay mucho más de lo que nuestros ojos alcanzaron a ver.

El más reciente libro del biógrafo Walter Isaacson lo describe como el genio más creativo de la humanidad. Este escritor explica por qué no ha existido otro como él y que las grandes mentes de la historia tienen algo en común: la curiosidad. Describe a Leonardo da Vinci como el genio más creativo de la humanidad.

A lo largo de la historia, la humanidad ha visto mentes brillantes en todas las disciplinas. Existe una lista gigantesca de todos ellos. Imposible escribir sus nombres sin menoscabo de penosas omisiones. Esos genios han florecido y trascendido en el tiempo en todos los aspectos intelectuales; ninguno sin embargo ha logrado cubrir tantos aspectos del conocimiento como ha sido Leonardo da Vinci. Con el portento de sus inteligencias múltiples logró destacar en diferentes campos de la ciencia, desde los más simples hasta los más complejos.

Era cien hombres en uno. Así lo describe el biógrafo de genios Walter Isaacson en su nuevo libro. Un relato íntimo y emocionante que recoge las mil caras del florentino y revela cómo, a partir de la curiosidad, Leonardo da Vinci se obligó a ser un ingenioso observador de su entorno.

Quizá lo más revelador de la investigación de Isaacson es que se requiere más que inteligencia para ser un genio. Con ello quiere decir que realmente la capacidad creativa y la imaginación requieren una prodigiosa conectividad para hacer a un genio. Esto lo comprobó al analizar los cuadernos personales de Leonardo da Vinci. Mediante el estudio cronológico y a profundidad de su método creativo, Isaacson descubre que no precisamente su inteligencia llevó a este gigante del Renacimiento a convertirse en una de las inteligencias más brillantes. En realidad, lo hicieron su curiosidad obsesiva y su capacidad de controvertir las reglas y aplicar la imaginación a casi cualquier campo de la vida. Observación, duda, cuestionamiento, oposición, planteamiento, inspiración, creatividad y creación.

“Hablamos de curiosidad, observación, sacrificio, perseverancia y de pasión. La educación resulta imprescindible y a partir de ahí lo que marca la diferencia es la autoformación, la curiosidad, Hoy en día no hacemos con los niños y con los jóvenes lo que hacían con Leonardo: Sal al campo y juega; sala al campo y disfruta; sal al campo y observa, experimenta y fracasa. Permítete el fracaso. La historia de Leonardo da Vinci es el caso de un niño que, gracias a que nunca dejó de preguntarse por qué y para qué se convirtió en ese niño extremadamente curioso se convirtió en el genio más grande de todos los tiempos.” (Christian Gálvez).

“Creo que Da Vinci fue el genio más creativo de todos los tiempos. Principalmente, porque fue curioso sobre todo y amaba cualquier tipo de tema. Quería saberlo todo sobre la creación, incluida la forma en la que encajamos en el mundo. Eso le permitió ver patrones en la naturaleza. Estudió los remolinos de aire, agua y cabello, y supo conectar los patrones de la ciencia y las matemáticas con su belleza”.

Además de la curiosidad intrínseca, los genios como Leonardo da Vinci tienen la gran capacidad de hacer conexiones entre distintas disciplinas -artes, ciencias, humanidades y tecnología-, lo cual constituye la clave de la innovación, la imaginación y el genio.

Se describe al gigante del Renacimiento como un hombre vegetariano, zurdo, fácilmente distraído y en ocasiones herético. Para nadie es un secreto, por ejemplo, que estudió la estructura de los cadáveres extrayéndolos del anfiteatro para saciar su profunda curiosidad por el funcionamiento del cuerpo humano. Esas observaciones luego resultaron bastante útiles en una serie de dibujos para el estudio de la anatomía y asimismo le ayudaron a perfeccionar su pintura. Leonardo da Vinci también era un  músico excelente: tocaba con virtuosismo al menos diez instrumentos, y en el campo de la ingeniería, buscó con obsesión inventar una máquina voladora. Ese amor por la ciencia y la tendencia a aplicar el método científico para observar el mundo hicieron de Leonardo Da Vinci un gran artista y un gran genio.

Un reciente artículo de la revista Time, aporta que este patrón se repite una y otra vez en la historia de los grandes genios sin importar la fecha y el lugar. Casos como el de Albert Einstein. Einstein, por ejemplo, tardó cuatro años en comenzar a hablar y su familia llegó a pensar que era un “retrasado”. Además, albergaba una profunda rebeldía que lo llevó a convertirse en el peor estudiante de su clase. Pero estas dificultades garantizaron su éxito: su testarudez lo llevó a cuestionarse lo que sucedía a su alrededor -sobre todo la sabiduría que recibía- y su dificultad para hablar sembró en él múltiples preguntas sobre el tiempo y el espacio, que lo llevaron a desarrollar años después, su teoría sobre la relatividad.

Algunos autores como Isaacson aseguran que la tecnología y el internet han hecho que el ingenio y la creatividad se tornen cada vez más colaborativos, lo que ha dificultado la posibilidad de que se desarrollen grandes genios de la estatura de Leonardo da Vinci. Esto no significa que el concepto de genialidad haya cambiado con la historia, ni mucho menos que haya desaparecido. Simplemente demuestra que los genios de hoy se comportan distinto y esta tendencia de trabajo en equipo ha impulsado más que nunca el desarrollo del conocimiento. “Esos individuos están cambiando el arte, la cultura y la ciencia en este momento. Pero dado el nivel de desarrollo de la ciencia y el arte, la posibilidad de hacer aportes individuales es cada vez menor, especialmente en la ciencia, en la que cada vez más equipos de científicos inter y transdisciplinarios realizarán los estudios para interpretar y transformar la realidad”.

La experiencia ha llevado a hacer una conclusión abrumadora: no existen los niños con talento, ni nacen genios por una condición hereditaria. Hay niños que tienen medios culturales más enriquecidos. A esos niños los llamamos ‘talentosos’. Por tanto, la educación tiene un papel determinante para que florezca el talento. Sin embargo, el secreto de la genialidad estará siempre en la curiosidad natural; curiosidad por sí misma; curiosidad profunda y juguetona. Eterna inquietud por el saber a partir de conocer y experimentar.

Apreciables lectores: Habemus tarea.

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