Huasteca Sur

Lo que el agua se llevó, y el gobierno no regresó

 

Aun año de la inundación de Chapulhuacanito, habitantes del barrio San José aún recuerdan con estremecimiento aquella hora más larga de sus vidas

 

 

A un año de la devastación que dejó el arroyo de Chapulhuacanito, los habitantes del barrio San José aun recuerdan con estremecimiento aquella hora más larga de sus vidas, minutos que se volvieron eternos de no saber de los suyos, de no saber si habrían de sobrevivir, y el estruendo de las tormentas que llegan traen de nuevo el temor de que el “monstruo” vuelva a despertar.

Aun no es mayo, sin embargo las tormentas eléctricas ya están presentes en la región, “las que vienen por las noches son las peores”- señala la ex delegada de Chapulhuacanito Alba Rosa Carballo,  “ya una vez el arroyo creció pero nos llegó de día, pero hace un año llegó de noche y nos tomó por sorpresa”.

 

El primer embate

 

Para la familia Vite, conformada por un mujer de la tercera edad, un matrimonio de edad mediana y dos hijos mayores, aquella noche fue la más terrible de sus vidas, y la prueba tangible de que los milagros existen, su vivienda fue el primer punto donde el arroyo descargó toda su furia, golpeó con tal fuerza contra un árbol de ceiba que dejó un pozo de aproximadamente metro y medio en la base, dejando expuestas las raíces, esto fue lo que les salvó la vida.

“Eran como las nueve de la noche, nosotros estábamos cenando con un compadre que nos vino a visitar”- narra doña Elizabeth- “de repente se vino la tormenta y el compadre se quedó a esperar que la tormenta pasara, enseguida el agua comenzó a subir bien rápido cuando nos dimos cuenta ya estábamos rodeados”, muestra que en la parte de atrás de su propiedad se extiende un naranjal, y los divide una zanja, la cual se llenó de agua y ya no fue posible salir al frente ni por atrás.

 

Sobrevivientes

 

“Mi hijo, el compadre y yo lo que hicimos fue subir al tapanco de la casa con mi suegra, mi esposo ya no alcanzó a subir con nosotros por que el agua ya estaba dentro de la casa, así que se trepó a una ventana en construcción y ahí se quedó mientras el agua seguía subiendo y pasaba bien rápido”, la vivienda está construida a base de lodo, cemento y palos, como se construyeron la mayoría cuando se fundó el poblado hace ya varias décadas.

Desde el frágil techado de madera las cuatro personas vieron pasar el río de agua y sus pertenencias que fueron arrastradas desde ropa, trastes y electrodomésticos que compraron con muchos esfuerzos, y que a la fecha no han podido reponer, ahí permanecieron hasta que el agua así como llegó comenzó a bajar dejando la estela de destrucción.

 

Una hora bastó para destruir lo que un año no ha reparado

 

Después de la devastación, lo mínimo que esperaban los afectados era la ayuda de las autoridades, la cual llegó en una mínima parte, cada uno de los niveles tanto municipal, como estatal, como federal se desentendieron y los dejaron a su suerte, pese a que la zona fue declarada como zona de emergencia.

Señala doña Elizabeth que han perdido la cuenta de cuantas solicitudes de apoyo han entregado a los gobernantes anteriores y a los nuevos, y hasta la fecha no han obtenido una respuesta, siguen viviendo en la misma casa derruida, ahora ya con un bebé recién nacido, en una casa sin paredes, con instalación de agua que recién se les colocó pero que les llega cada que bombean, carecen de drenaje, y el arroyo de donde se abastecían está contaminado con aguas negras.

«Si alguien nos ayudó esos fueron las organizaciones civiles, las que reunieron ayuda de todos lados, del municipio de San Martín, de Querétaro, de Ciudad de Valles, de Monterrey, ellos nos dieron de comer por casi un mes, nos mandaron trastes, agua para tomar, ropa, porque del gobierno no recibimos nada, hasta nos dijeron que ellos no habían mandado el agua”, denuncia Martín de Santiago quien perdió todas sus pertenencias.

 

El trauma de la tragedia

 

Refiere el afectado que su familia no ha logrado superar la desgracia, “mi hijo se pone muy nervioso cuando escucha como truena y se acerca la tormenta, me dice que si otra vez va a llegar el agua como el año pasado, el otro día juntó todos los trastes y los subió al tapanco preparándose por si llegaba la creciente otra vez”.

Resalta que es mucho el coraje que le da, al pensar que a un año no han podido siquiera ser contemplados en programas de vivienda, ya ni siquiera de casas completas, dice, aunque fueran láminas que nos dieran para arreglar los techos, “todo lo que nos dio el ayuntamiento anterior fueron 500 pesos a cada familia, eso fue una burla”.

 

El vado de la discordia

 

Después de la inundación, los vecinos del barrio San José, señalaron que la culpa del desbordamiento fue el vado que se construyó para poder cruzar el arroyo hacia la zona de las parcelas, ya que en un principio se había acordado que fuera un puente elevado, y no a ras de agua, por lo que al llegar la bajada de agua arrastrando palos, piedras y basura las salidas de agua se taponearon y por eso se desbordó, una teoría que no ha sido aceptada por la Junta Estatal de Caminos a pesar que la Comisión Estatal de Derecho Humanos tomó conocimiento de esto.

Ahora el vado permanece, pero se encuentra deteriorado, y señalan los vecinos que se ha convertido más en un peligro que en una ayuda, ya que solamente está sostenido sobre los tubos por donde pasa el agua, por lo que prácticamente “está flotando”, y esto hace crecer el temor de que llegada la creciente nuevamente el vado caiga, si no es que el peso de los vehículos logra tumbarlo antes.

 

Esta es la vivienda que recibió el primer embate del agua, y sus moradores sobrevivieron en el tapanco.

 

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