HIDALGO

¡LOS HIJOS MUEREN EN SU CUARTO!

Vivos en cuerpos, pero muertos en sus relaciones.

Estos son los tiempos de la generación táctil; la generación de los padres y de los hijos huérfanos de comunicación. El uso de los entornos digitales ha propiciado la desconexión dialógica familiar.

Una vez leído el título que encabeza este artículo, publicarlo en este espacio se me volvió una  necesidad persistente para compartirlo con los amables lectores, toda vez que se trata de un tema central de nuestra realidad familiar y social. Tanto el título como el “balazo” (texto que secunda al título), son obra de la psicopedagoga Cassiana Tardivo.

[[Antes perdíamos hijos en los ríos, en los matorrales, en los mares, ¡hoy los hemos perdido dentro de su habitación!

Cuando jugaban en los patios oíamos sus voces, escuchábamos sus fantasías y al oírlos, a la distancia, sabíamos lo que pasaba en sus mentes.

Cuando entraban en casa no existía una TV en cada habitación, ni dispositivos electrónicos en sus manos.

Hoy no escuchamos sus voces, no oímos sus pensamientos.  Los niños están ahí, dentro de sus habitaciones, y por eso pensamos o tratamos de creer que están seguros. ¡¡¡Cuánta inmadurez la nuestra!!!

Ahora se quedan con sus auriculares encerrados en su mundo, construyendo sus saberes sin que sepamos cuáles son… perdiendo literalmente la vida, vivos aún en cuerpos pero muertos en las relaciones con sus padres, encerrados en un mundo de Tecnología que en nada contribuye a la -formación de niños seguros y fuertes para tomar decisiones moralmente correctas y de acuerdo -con los valores familiares.

Dentro de sus habitaciones perdemos a nuestros hijos con las drogas, las conversaciones con malos compañeros, la pornografía, inmersos en un mundo de fantasía… Muertos de su identidad familiar… Se convierten en una mezcla de todo aquello por lo que han sido influenciados y los padres no siempre saben o no sabemos lo que sus hijos son realmente.

Usted(es) hoy puede(n) leer este texto y enviarlo a los amigos; pero, ¿aún podrán rescatar a sus hijos…? Quizá todavía pueda(n) ver en él verdades y reflexionar. Todo esto sería excelente. Como psicopedagoga he visto tantas familias enfermas con hijos muertos dentro de la habitación, que entonces le(s) hago una invitación y…, ¡por favor acepte(n)!

Le(s) invito a sacar a su hijo(a) de la habitación, de la tableta, del celular, del ordenador, del auricular, le(s) invito a comprar juegos de mesa, tableros y tener hijos en la sala, a su lado por lo menos 2 días establecidos dentro de su habitación (más allá del sábado y del domingo), y juegue(n), diviértanse con ellos, escuchen las voces, las palabras, los pensamientos y que tengas la gran oportunidad de sentirlos vivos y que ellos aprendan a vivir en familia, que se sientan realmente integrados y pertenecientes al hogar, para que no ¡necesiten aventurarse en busca de identidad y reconocimiento a través del frenesí de los juegos locos donde hacer fluir la adrenalina que antes se producía con las bromas del patio familiar]].

Al respecto, agrego la presente orientación que alude la importancia de la comunicación como base sustantiva para una relación exitosa entre padre e hijos.

[[Es sabido que la base para que el ser humano pueda trabajar y vivir en armonía es la comunicación. El hablar, entendernos entre nosotros y poder llegar a establecer conclusiones, acciones u objetivos entre grupos es lo que permite que nuestra sociedad siga creciendo.

Dentro de las familias la comunicación es también la base para crear un hogar sano, lleno de amor y apoyo;  sobre todo, es lo que permite que se mantenga unido. Pero ¿qué se entiende por una buena comunicación? El hablar con nuestros hijos y escucharlos tiene que ir más allá de solamente imponer reglas y esperar un “sí señor” a cambio. El comunicarnos es abrirnos por completo a recibir y dar información, evitando los gritos, las órdenes o las críticas. Que los padres consideren a sus hijos como iguales es lo más importante, esto permitirá que la comunicación fluya correctamente, como si fuera entre dos amigos “de fuera”.

Sabemos que en realidad comprender y hablar es difícil, por eso se proponen algunos puntos para mejorar los niveles de comunicación en el hogar, favoreciendo las relaciones entre los seres queridos inmediatos.

Escuchar con atención e interés, que los niños sientan que están siendo atendidos; propiciando un ambiente ideal para la comunicación (clima de apertura confiable; prosperidad de la relación dialógica)..

Cuando se dé un consejo que sea siempre en clave positiva. Es importante ponernos en el lugar de los niños y no únicamente entender qué es lo que le pasa sino comprender su situación.

No juzgarlos antes de tiempo cuando nos expliquen alguna cosa. Escuche. Intente acallar las voces en su cabeza que anticipan un regaño o una solución radical a los problemas. Póngase en el lugar de su hijo y entienda sus razones con amplitud de empatía.

Es de la mayor importancia el proporcionarles confianza para que puedan hablar sobre cualquier tema dentro de la familia, es mejor que puedan hablar y obtener la información que requieren dentro del núcleo familiar.

Observar y actuar en el momento indicado. En el caso de adolescentes, ellos son retraídos por naturaleza. Hay que estar pendientes de las situaciones que rodean a sus hijos y en el momento en que crea que necesita comunicarse muéstrese dispuesto a escucharlo. No presione y mucho menos pretenda obligar. Las palabras no deben salir con tirabuzón o descorchador, si no que han de salir espontáneas como una necesidad del corazón que confía.

Preste atención. Recuerde los nombres de los amigos y las parejas de sus hijos; cuando le cuente una historia podrán identificar a los personajes y el papel que representan.

Haga un seguimiento de la decisión que tome(n). Pregunte sin acosar y dele(s) su tiempo para madurar y procesar la situación.

Respete su privacidad y confíe en ellos tanto como espera que confíen en usted(es).

Cuando los hijos van creciendo la comunicación puede volverse más difícil ya que empiezan a guardar secretos o tienen dudas que les apena preguntar a los padres. No hay que rendirse, el lograr que la confianza crezca y se mantenga es vital para evitar que se alejen de la convivencia familiar.]]

El objetivo central es que la relación entre padres e hijos se produzca como un nexo maduro, indisoluble, fortalecido y enriquecedor… evitando que los hijos mueran encapsulados en el hermetismo de su habitación o sean robados de casa a través de esas diminutas ventanas del mundo diseñadas en forma de pantalla.

 

Por Aníbal Torres Salguero

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