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No dejen llorar a sus bebés durante las noches

De pronto una de sus vecinas corrió hacia ella gritando que un guajolote estaba en el techo de su casa, ella conociendo las leyendas acerca de las brujas corrió hacia su bebé acompañada de su vecina

Miguel Ángel Castillo Andrade

La abuela siempre nos contaba historias que a lo largo de su vida había ido acumulando, muchas de ellas como experiencias propias.

Fue conocida en el pueblo por sus dotes de curandera y todos acudían con ella para que curara a sus hijos de «empacho», «espanto» y «mal de ojo».

Entre los muchos consejos que nos daba, nos decía siempre con mucha seriedad:

«Un bebé es lo más parecido a un alma pura, un ángel encarnado! Si estando embarazada oyes a tu bebé aún no nacido, llorar dentro de tu vientre, no se lo cuentes a nadie, porque este pequeño viene con dones de sanación o de adivinación, si lo haces tu niño no desarrollará sus dones y siempre padecerá de dolores de cabeza y será muy sensible a recibir los malos aires».

«Los bebés, sobre todo los recién nacidos, tienen un llanto muy especial, que puede ser escuchado más allá de este plano, y es que su «mollera» aún no se cierra y su llanto hace eco más allá de este mundo, por todo esto, no dejen llorar a los bebés por las noches, ya que pueden llegar seres y entes que atraídos por la pureza de su alma se acerquen a él, ya que sobre todo éstas malas energías se manifiestan por las noches».

«Puede atraer a las brujas, que busquen chupar su energía vital para mantenerse jóvenes, también podría atraer a los duendes o chaneques, que vengan a llevárselo para jugar con él y perderlo en su mundo, nahuales y hasta a la mismísima llorona».

«Si el bebé aún no es bautizado, estará más vulnerable ya que en el bautismo protegen su ‘crisma’. Mientras tanto coloquen las tijeras abiertas bajo su almohada, coloquen guirnaldas de ajos en las puertas, coloquen un hilo rojo en su muñeca izquierda y un ojo de venado colgando de su ropita».

«Pero ante todo, no los dejen llorar mucho tiempo, en cuanto empiecen a llorar, atiéndanlos de inmediato, carguen y arrullen a sus bebés, cambien los pañales o denle de comer, lo que necesite pero nunca, nunca dejen llorar a sus bebé por la noche».

LA MUJER QUE NO HIZO CASO

Una vez una señora se encontraba lavando su ropa afuera de su casa, ella era madre de un bebé el cual no tenía mucho que había nacido, estaba acostumbrada al escucharlo llorar por cualquier cosa.

Ese día como cualquier otro, él bebé comenzó a llorar de pronto, pero ella ya había visto que no tenía nada malo, pensó que solamente tenía hambre y se apresuró a lavar para poder terminar e ir a darle de comer.

De pronto una de sus vecinas corrió hacia ella gritando que un guajolote estaba en el techo de su casa, ella conociendo las leyendas acerca de las brujas convertidas en guajolote para acercarse a los bebés y chuparles la sangre, corrió hacia su bebé acompañada de su vecina.

Al llegar miraron como un hilo pequeño estaba pegado al bebé, este hilo se extendía hasta llegar a la ventana, sin pensarlo ella cortó el hilo y de pronto comenzó a salir sangre de él, después solamente se escuchó como el guajolote salía volando.

Ahí comprendió lo que había cortado era la lengua de una bruja convertida en guajolote.

TIJERAS ABIERTAS EN LA CABECERA

La leyenda dice o la creencia popular que por las noches, las brujas chupan a los recién nacidos poco a poco hasta que los infantes fallecen. Por ello, las madres utilizan las tijeras abiertas formando un crucifijo con el fin de espantarlas.
Una familia estaba contenta por el nacimiento de una hermosa niña que la hizo más numerosa; en el día se encontraba normal y vivaracha pero por las noches se inquietaba como si algo la molestara, por lo regular en las madrugadas. Una de tantas mañanas que la pequeñita lloraba toda la noche pasó algo desconcertante, amaneció debajo de la cama.
¿Cómo pudo bajar si apenas era una bebé de tres meses de nacida? Estaba acomodada con su cobertorcito.
Nadie de la casa la había bajado ni sería tan inconsciente para ponerla en el piso a merced que le picara algo o simplemente que le traspasara lo frío del piso. Una vecina les dio una posible explicación, pero antes les cuestionó si le tenían puestas las tijeras en forma de cruz.
La manera más eficaz de espantarlas y evitar que llevaran a cabo su cometido era poner las tijeras en esa posición y persignar tres veces a las criaturas, además de un Cristo que siempre estuviera en la cuna.
Quizá sería la casualidad o la sugestión por lo que habían escuchado, que afirmaron que habían visto una lechuza sobrevolar la colonia por varias noches.
De inmediato pusieron las tijeras y lo que la mujer les recomendó, afirmando que desde ese entonces la niña durmió apaciblemente.
Además pidieron que un sacerdote rociara la casa con agua bendita y plantaron un pirul, árbol del cual la gente afirma que su olor no lo toleran las brujas.

-Mitos y Leyendas de México/Miguel Ángel Castillo Andrade

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