HIDALGO

RUPTURA HISTÓRICA

El mestizo, que tanto humilla y se avergüenza del indígena, posee raíces mesoamericanas, aunque presuma de pertenecer a una “nueva raza”.
Batalla de la toma de Tenochtitlan.

Huejutla, Hgo.- En torno a la controversia consistente en que España tiene que pedirle perdón a México por las crueldades y excesos que los ibéricos cometieron durante la conquista, es muy trillada una frase que manifiesta, y con verdad histórica, que la “Conquista la consumaron los indígenas y la Independencia los españoles”, lo que posiblemente tornaría incongruente el reclamo, que no obstante es justo.

Cuando Hernán Cortés arribó a las costas de Yucatán en el mes de febrero del año de 1519 su ejército lo integraba un puñado de hispanos, el cual se fue incrementando en el trayecto hacía la gran Tenochtitlan con la alianza de numerosos señoríos, entre ellos el de Tlaxcala, quienes eran enemigos de los sanguinarios mexicas que los sojuzgaba y sacrificaba, de modo que al aliarse con los españoles contribuían a combatir a los odiosos enemigos de sus pueblos por lo que cayeron con rencor sobre Tenochtitlan, no había una nación que abarcara  por completo el actual territorio de México.

Fueron los indígenas los que lucharon contra los indígenas y una muestra más, consiste en que cuando Hernán Cortés salió de Coyoacán en octubre de 1522 a conquistar la Huasteca, traía consigo 120 hombres de a caballo y 300 peones (420 españoles), y un total de 40 mil indígenas, entre aztecas y tlaxcaltecas.

En el territorio de lo que ahora es México, surgió y se desarrolló una de las pocas civilizaciones originales que ha habido a través de toda la historia: la mesoamericana, de ahí proviene lo indígena de los habitantes del país, es su raíz más profunda. Sin embargo, aunque existe un orgullo circunstancial por un pasado que fue glorioso, paradójicamente se presume como ajeno, la mayoría de los mexicanos no reconocen una vinculación histórica ni una continuidad, solo lo aceptan como pasado del territorio que fue asesinado durante la Conquista, pero nunca como nuestro pasado, no reconocemos que somos descendientes de una raza derrotada: “Son solo los indígenas”, y en ese decir se marca una “ruptura histórica” acentuada con una dosis  de superioridad, sin comprender que aún el mestizo, que tanto se burla y avergüenza del indígena, posee raíces mesoamericanas aunque presuma pertenecer a una “raza nueva”.

Ojalá que el reclamo consistente en que el gobierno español pida perdón a los mexicanos por las atrocidades cometidas por sus coterráneos en la Conquista y Colonia, los haga recapacitar, en especial a los mestizos, que esa negación del pasado es realmente una ruptura histórica, y que lo que resta de la civilización indígena prehispánica no son fósiles condenados desde hace cinco siglos a desaparecer porque ya no tienen ni presente ni futuro posible.

México está formado por una gran diversidad de pueblos, comunidades y sectores sociales que constituyen la mayoría de la población del país, y lo que los articula y distingue del resto de la sociedad mexicana, es que son grupos portadores de singulares ideas de entender el mundo y organizar la vida, ideas que tienen su origen en la civilización mesoamericana, que fue forjada aquí a lo largo de un dilatado y complejo proceso histórico.

Las expresiones actuales de esa civilización son muy desemejantes: desde las culturas que algunos pueblos indígenas han sabido conservar con una cohesión interna, hasta la gran cantidad de rasgos aislados distribuidos de manera diferente en los distintos sectores urbanos. La civilización indígena es negada, pero su presencia es indiscutible en el México actual.

Otro de los conceptos de un mal entendido nacionalismo es el del vocablo “malinchismo”, que se considera como sinónimo de traidor o simpatizante del extranjero. La Malinche (Malitzin o Marina ya bautizada), no era de la etnia mexica, era de Painala, una región de Coatzacoalcos, Veracruz, y ella como los de su pueblo eran enemigos de los crueles aztecas o mexicas que los tenían sojuzgados. ¿Cuál traición?

Además del gran desconocimiento de la historia que hay en el vocablo del malinchismo, hay un subjetivo rencor contra aquellos que de una manera u otra apoyaron a los conquistadores hispanos. Hace perdurar tal encono la quimera de que sin ayuda ninguna nación habría conquistado a México, y olvidan deliberadamente que los mexicas no eran México, sino una etnia sanguinaria aborrecida por las tribus vecinas que hoy también integran el país cuyo sólido cimiento es la cultura mesoamericana.

 

Por Salvador Altamirano

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