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Actitudes…La historia sin fin

Estos rasgos aborrecibles de la impaciencia o los rasgos de la ejemplar serenidad se van estructurando o formando desde esa predisposición genética y ambiental a la que todos estamos expuestos, sin excepción. Tal y como menciona el psicólogo Floyd Allport (1955), una actitud es la disposición mental y neurológica, que se organiza a partir de la experiencia que ejerce determinada influencia sobre las reacciones del individuo respecto de todos los objetos y a todas las situaciones que les corresponden.

 

Según la psicología la actitud que presentamos hacia el exterior (nuestro ambiente), surge de esta interacción antes mencionada entre factores biológicos y hereditarios (estas respuestas son favorecidas por la genética de cada sujeto- su temperamento) y los factores ambientales como el aprendizaje a lo largo de toda la vida del individuo.

 

La actitud es entonces la predisposición aprendida y heredada para responder de determinadas formas consistentes ya sean a favor o no del objeto (ideologías, costumbres, prácticas, religiones y leyes). Esta disposición psíquica que surge de la valoración que se hace de lo externo tiene como objetivo generar una disposición que represente los fundamentos internos (biológicos y psicológicos) de la acción. Persigue entonces la decisión a partir de esa integración cognitiva, afectiva y biológica.

 

Creo que es de menester mencionar algo que se elude por muchos autores interesados en la investigación del tema de las actitudes del ser humano y es que estas actitudes al tener como objetivo la acción al haber integrado todos sus componentes (cognitivo, afectivo, conductual y biológico), no pueden ser del todo egosintónicas (acciones que están en sintonía con el ego), sino que también se implican en actitudes de carácter egodistonico (que no armonizan con el ego): las actitudes nos permiten funcionar y per se adaptarnos.

 

Por ejemplo, puedo manifestar una actitud que coloquialmente se reconoce como “positiva” «optimista» a determinadas situaciones pero que en verdad no encajan o no están en sintonía con lo que he aprendido o con los rasgos característicos de mi temperamento pero solo así lograría adaptarme con facilidad. Reconociendo de esta forma la actitud podríamos aludir que en ocasiones se prioriza uno de sus factores (el cognitivo, el afectivo o el biológico) mientras los demás pueden llegar a ser aplazados.

Actitudes del ser humano: Actitud manipuladora. Quien presenta este tipo de actitud manipuladora comienza convirtiendo a los demás en objetos o fuentes de placer; estas personas construyen o estructuran sus relaciones con el móvil de lograr que todo funcione de acuerdo a sus deseos o expectativas, maneja estrategias para convencer al otro de que está obrando bajo su propia voluntad.

Actitud pesimista. Este tipo de actitud se relaciona generalmente con un alto nivel de tolerancia o flexibilidad, siendo benevolente comienza a valorar y permitir transgresiones de las propias valoraciones.

Actitud sumisa. En este tipo de actitud las personas se postulan como objetos permitiendo así que los demás sean los sujetos responsables y dueños de sus decisiones. Funciona como mecanismo de supervivencia al permitirse seguridad a través del cuidado y la sensibilidad de los demás.

Actitud positiva. Frecuentemente es el tipo de actitud que se considera como la más favorecedora de todas las demás; se caracteriza por la percepción o apreciación provechosa de las diferentes situaciones (independientemente si sean de dificultad) y permite que la persona se sienta estimulada para actuar de manera confiada. En el siguiente artículo encontrarás Ejercicios para desarrollar una actitud positiva.

Actitud negativa. Esta actitud consiste en una percepción o interpretación de desesperanza, derrota, desilusión o de subterfugios de realismo. Frecuentemente exacerban las situaciones de dificultad o problemáticas existentes y elude o resta de significado a cualquier aspecto de optimismo. Generalmente produce todo lo contrario a la actitud positiva: detiene o reprime la acción.

Actitud agresiva. En este tipo de actitud se suele pasar en cuestión de segundos a la acción y figura un acto impulsivo que persigue la consecución del significado de justicia ignorando el de los demás. Conoce las características de una persona agresiva.

Actitud pasiva. Este tipo de actitud se caracteriza por la poca o nula acción.

Actitud colaboradora. Este tipo de actitud posibilita o requiere un contacto frecuente con los demás. Tiene como objetivo lograr ayudar que los demás logren sus propósitos.

Actitud altruista. Las personas que manifiestan la actitud altruista realizan acciones con objetivos que proporciones beneficios o provecho a otra persona a un incluso cuando pueda generar pérdidas o no tenga ningún beneficio para sí mismo.

Actitud emocional. Este tipo de actitud se observa de manera frecuente en personas que cimientan sus relaciones en calidad de su afecto y el de los demás. Este tipo de actitud se caracteriza también por el valor o la prioridad que se le da al área emocional llevándolos así a vivir con más intensidad cada una de sus emociones.

Actitud neutra. Este tipo de actitud es de las que se presentan con poca frecuencia y se caracteriza por no estar contorneado por afectividad o racionalidades (ni pesimistas y tampoco positivas) suelen ser objetivos con sus decisiones.

Actitud racional/analítica. Este tipo de actitud genera en las personas un uso del juicio o la lógica al momento de estimar o evaluar las situaciones. Con frecuencia este tipo de actitud lleva a que se intenten ocultar o ignorar las emociones bajo justificaciones racionales (cognitivas). Sin embargo, manejar positivamente las emociones implica aprender a sentirlas y expresarlas.

Actitud de confianza. Este tipo de actitud se observan en las personas que manifiestan una aceptación de las propias características. Generalmente esta actitud permite percibir los estímulos de placer o de dolor como una intención pedagógica. La confianza se puede trabajar y mejorar. Prueba los siguientes consejos para ganar confianza en uno mismo.

Actitud flexible. Las personas con una actitud flexible manifiestan la aceptación de las cualidades o criterios ajenos sin llegar a deshacerse de los propios. Esta actitud facilita la conciencia del principio de realidad; las personas reconocen que la vida puede tomar un curso muy diferente al que se planeaba y actúan a favor de sí mismos y de su exterior. Permite la rápida adaptación a los cambios.

Actitud empática. Esta actitud de empatía se caracteriza por personas que son conscientes de la existencia del otro y por tanto comprenden gracias a su propia autoevaluación o introspección que las conductas de los demás también tienen un origen. Permiten escuchar y facilitar el dialogo a las demás personas por su comprensión, entre muchos otros beneficios de desarrollar una actitud empática.

Actitud suspicaz. Este tipo de actitud se caracteriza por una desconfianza excesiva ante cualquier tipo de estímulos, generalmente estas personas están alerta ante cualquier tipo de agravio o intento de perjurio.

Actitud sardónica. La actitud sardónica se caracteriza por un contacto mordaz e incisivo hacia los demás. Llenan de sarcasmos o ironías las conversaciones que mantienen con los demás.

Actitud inflexible. Se caracteriza por un patrón rígido de conducta y pensamiento en donde se pretende que lo demás esté en sintonía con lo que se busca y se sufre terriblemente cuando no es así.

Actitud moralista/prejuiciosa. Este tipo de actitud se caracteriza por la preocupación del peso ético de las propias acciones y de los demás. Generalmente la persona con una actitud moralista se dedica a vigilar las acciones de los demás para que no incurran a la falta de los principios o preceptos que el maneja.

Actitud nihilista. En este tipo de actitud se rechazan todos los principios morales o estructuras sociales, manteniendo la creencia de que la existencia misma y del todo carece de sentido o propósito intrínseco.

Por Aníbal Torres Salguero

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