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La Virgen de Tahuizán: ¿Al filo del mito?

  • El próximo lunes (mañana) se cumplen 44 años de la mariana aparición.

Huejutla, Hgo.- Tahuizán (ahora colonia), es uno de los cuatro barrios originales de Huejutla. Se caracterizó por los talleres de herrería que había antaño, por lo que algunas personas, de manera poética, comentan que su nombre significa “lugar de luces”, debido a que en el ayer cuando había fraguas, al fragor de la faena, del fuego se desprendían pequeñas y luminosas chispas que invadían el ambiente.

No obstante esa metafórica hipótesis, su nombre sin duda proviene de voz téneck o náhuatl, pues en la época prehispánica ya existía el poblado de “Tavizán… y no había fraguas. Según el profesor Gildardo Montaño Espinoza, nativo del mencionado lugar, Tahuizán es una palabra náhuatl descompuesta por errónea interpretación de “tlazuli”, cuyo significado es basura, ya que anteriormente en el sector estaba el basurero del pueblo, lo cual es muy creíble porque Tahuizán, también en náhuatl, significa “tirar”. Especificó que hace más de cincuenta años se arribaba al sector poblacional a través de un pintoresco puente colgante, ahora de cemento, en cuya ribera del río se depositaban los desperdicios que generaban los vecinos de Huejutla.

En ese lugar, entre las calles Allende y Aldama, se encuentra una pequeña capillita erigida en honor a la imagen pétrea que fue denominada la “Virgen de la Paz”, que se apareció el 29 de marzo de 1977 reflejada en una piedra laja en el cerro de la pulpa seca, en donde ahora está la colonia Rojo Gómez.

Al respecto, explicó en su momento el señor Armando Flores Solís, que unos niños que vivían en el barrio de Tahuizán andaban recogiendo leña en ese cerro. De pronto observaron que en la parte de abajo apareció otro grupo de muchachos, con quienes tenían ciertas diferencias, y empezaron a pelearse verbalmente, por lo que su hermano, Roberto, recogió una piedra con la intención de arrojárselas, cuando escuchó a su espalda una voz que dulcemente le ordenó que dejaran de pelear.

Agregó que al voltear sorprendido su hermano para ver de dónde provenía y de quién era la voz, descubrió que en una piedra laja, donde momentos antes había estado sentado, estaba la imagen de la Virgen María. Asustados y sin creer lo que habían visto, corrieron a sus casas para relatar a sus padres el descubrimiento. Varios vecinos acudieron de inmediato al lugar y, efectivamente, atónitos observaron que en la piedra laja estaba reflejado lo que parecía ser el rostro de la Virgen María.

Subrayó que la bajaron a mecapal y quienes la cargaron en la espalda dijeron que aunque era una piedra de considerable proporciones no pesaba. La ubicaron donde ahora permanece en su pequeña capilla, la cual fue edificaba con el dinero que dejaban las personas que acudían a venerarla. Con el transcurso del tiempo, ya constituida la colonia Rojo Gómez, y construida la iglesia del sector, sus habitantes reclamaron la imagen pétrea argumentando que había sido encontrada en su terreno. Al intentar llevársela bajando por unos escalones que daban al río, ya que entes no había puente, la piedra pesaba tanto que desistieron de su propósito.

Por su parte, el señor Vicente Lara Azuara, también habitante del barrio de Tahuizán, refirió que a la piedra en donde se veía la imagen la pusieron en un altar y la llamaron la “Virgen de la Paz” por haber solucionado un conflicto, un pleito.

Enfatizó que en aquel entonces, hace cuarenta y cuatro años Huejutla era un pueblo cien por ciento católico, por lo que el acontecimiento tuvo un gran impacto, inspiró devoción, venían muchas personas a venerar a la virgen, pero el clero, más cauteloso y analítico, no reconoció la aparición mariana, no obstante se le edificó una capillita que se localiza en la Avenida San Luis Potosí, entre las calles Allende y Aldama, pero la llama de la creencia se fue extinguiendo porque Huejutla empezó a crecer y vinieron otras religiones, fue perdiendo adeptos.

Es oportuno destacar, que pese a lo anterior, “la fe en la Virgen de Tahuizán” sigue latente en el tradicional barrio, pero por no haber sido reconocida en su momento por la iglesia católica y porque la figura con el transcurso del tiempo se fue de manera paulatina extinguiendo, hoy se encuentra al “filo del mito”.  

Otra de las apariciones marianas que también se encuentra al filo de la fantasía, es la Virgen de Fátima, que según el clero en el año de 1917 se le apareció en las afueras de Coria de Iría, Portugal, a los pastorcitos Lucia dos Santos, de diez años; y a los hermanitos Francisco Marto y Jacinta, de nueve y siete años, respectivamente.

El sacerdote Mariano de Oliveira en su explosivo libro titulado “Fátima nunca más”, el cual se editó en 1999, denuncia el aparente fraude de las apariciones de la virgen acusando al clero luso de haber perpetrado el montaje y aleccionado a los infantes. “¡Los pastorcillos fueron manipulados, las apariciones son mentiras!” .Afirma.

Agrega y específica que la documentación existente sugiere que el cerebro de la trama fue el canónigo Nunes Formigao, quien casualmente antes del hecho había estado casi dos meses en Lourdes, Francia, estudiando las supuestas apariciones que ahí se manifestaron en 1858.

Asegura que fue quien se encargó de escribir el guión y ejecutar la producción de la farsa, y como supuesto interrogador y confesor de los tres niños, actuó como único interlocutor y controló el mensaje que salió de Coria de Iría. Fue quien moldeo las versiones expresadas por los pastorcitos.

Para concluir, el Presbítero Mariano de Oliveira acentúa que en 1917 la iglesia lusa estaba en una etapa crítica, ya que desde su instauración en 1910 la República había reducido el poder del clero portugués, por lo que con la farsa de la aparición, se revitalizó.       

Por Salvador Altamirano

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