2026-02-01 23:30:01
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¡Y ahora hablemos del circo!

Ya hablamos en una oportunidad anterior sobre la corta historia del cine en la Huasteca, del cambio tan acentuado que tuvo Huejutla, de ser un pequeño pueblo lleno de magia a una pequeña ciudad, eso sí llena de desórdenes y problemáticas de la “modernidad “; hoy amigos lectores y lectoras que me dedican unos minutos valiosos de su atención, quiero hablar y compartirles otras vivencias más, ahora nuestro tema será sobre los circos.

En Huejutla quienes nacimos y crecimos aquí, hablo de mi generación y tres más anteriores pudimos disfrutar en aquellas décadas, principalmente de los años setentas y ochentas de la  diversión, que hasta aquí llegaba sobre ruedas.

Hablo de los circos que me tocó conocer. Hubo muchos predios baldíos y llanos que fueron utilizados para tal fin; desde uno muy cercano al centro, en Potrerillos y muchos más en la periferia de la zona urbana, entre ellos el terreno que ocupa la Clínica Hospital del ISSSTE, otro frente a la Gasolinera Seydlitz, la primera franquicia de Pemex en Huejutla, precisamente donde está la tienda de autoservicio Chedraui, otro en el lugar conocido como “Las Micheladas “, los terrenos que hoy ocupa el Estadio Municipal, primero llamado Superior, casa del primer equipo de futbol profesional local, los “Tordos blancos”, del Atlético Huejutla, de Tercera División, uno más ahí enfrente, en la Colonia Aviación, donde se ubica la estación de radio Vocero Huasteco y por supuesto los terrenos actuales de la Feria de Nochebuena.            

En todos esos sitios llegaron a instalarse varios circos, la mayoría de origen extranjero y principalmente sudamericanos, entre ellos recuerdo al Latinoamericano, uno muy familiar, el Jack Blunder, el Hispanoamericano, el de Jorge Atayde, el Circo Unión de los Hermanos Vázquez, el Chino de Pekín, el de Jhonny Lamm, y otros circos más modestos cuyos nombres no tengo presente, pero hay uno que todavía existe y que dejó una huella imborrable en la mente de quienes tuvieron la fortuna de verlo y disfrutar de su espectáculo, se trata del Poderoso Circo Rolex.

Entre las vivencias que tengo de mis visitas al circo, recuerdo que, en su mayoría todos ellos llegaban unos días antes del fin de semana, previamente un auto perifoneaba su arribo y también se anunciaban en la estación de radio local. El debut era siempre los viernes por la tarde, era una algarabía total ese acontecimiento, la noche del debut se hacían largas filas para poder entrar y poder ganar un mejor lugar en el graderío, la mayor parte de los asistentes ocupaban esos lugares mientras que quienes tenían mayor capacidad económica compraban lugares en la luneta. Al final, era el mismo objetivo, disfrutar el espectáculo circense entre dulces y  palomitas. En esos tiempos el espectáculo presentaba principalmente trapecistas, malabaristas, domadores, bailarinas, muchos animales provenientes de otras regiones del mundo, magos y  la atracción principal, esencia misma del circo: los payasos.

Del Circo Jack Blunder puedo contar que su atracción principal era el Hombre Bala; el cual era disparado desde un enorme cañón y que caía sobre una red de protección instalada a varios metros como medida de seguridad, y que era ovacionado cada vez que se presentaba.  Muchos niños y adultos pudimos conocer a los leones, tigres, elefantes, hipopótamos, llamas, monos y  otros más, antes que en un zoológico gracias a que los circos los trajeron hasta aquí

Muchos tendrán sus recuerdos muy presentes, en mi caso, hay uno y es cuando se escapó un elefante de un  circo, que se había establecido aquí, fue un día muy caluroso y húmedo típico de esta región, la típica carpa se instaló en el lugar de costumbre de esas fechas,  el Campo de Aviación; precisamente en donde estaba la cancha de fútbol, que tenía una posición perpendicular al actual Estadio Carlos Fayad.  O sea de norte a sur como lo marcan las reglas de ese deporte.  Recuerdo que uno de mis hermanos, el tercero de los nueve, acostumbraba pasar a observar los animales y en una ocasión lo contrataron para darle de comer a los elefantes, a cambio de regalarle unas entradas y el decidió aceptar la oferta.  Así que un sábado muy temprano, machete en mano, acudió a los terrenos los alrededores para cortar el zacate que serviría de forraje para los paquidermos, se ausentó de la casa toda la mañana y cuando regresó muy emocionado, no contaba con la gran reprimenda que mi padre le daría además de castigarlo no permitiendo ir a la función por la tarde. Otra anécdota fue cuando un elefante se escapó del circo, todos se pusieron a buscarlo, entonces las colonias Valle del Encinal y Fovisste eran un hermoso bosque, muy denso y para llegar a Chacatitla se caminaba entre veredas, debajo de frondosos árboles de encino, volantín, guásima, espino blanco y más.  Los empleados por fin localizaron al enorme mamífero que arribó hasta el pozo de esa comunidad, donde las mujeres y niños alarmados no daban crédito a tal hecho, puesto que el elefante llegó hasta el pozo comunitario y alegremente se bañaba con las frescas aguas del manantial, ante el estupor de la gente. 

Esas anécdotas que a mí me tocó vivir o conocer, son sin duda grandes recuerdos de ese Huejutla que ya se fue pero que sigue presente en la memoria de los que aquí nacimos y amamos esta tierra.

Hoy tristemente muchos circos han desaparecido, primero por la situación económica tan complicada para sobrevivir de una actividad que con la llegada del internet, fue poco a poco relegado; después porque en este país las leyes fueron cambiadas y se prohibió la utilización de los animales en el espectáculo por considerarlo violencia y maltrato.  Y algo que todos conocemos que cambió la vida en el mundo, es la pandemia por Covid-19, en la que aún estamos y no terminará hasta que se logre la inmunidad colectiva total.

En lo personal me gustó siempre el espectáculo circense, por muy modesto que fuera siempre que tuvimos esa oportunidad de disfrutarlo lo hice, pero el que sin duda jamás he de olvidar es el Poderoso Circo Rolex, ese donde un solo hombre, caracterizado de varios personajes hizo las delicias de chicos y grandes. Ese hombre llamado Ricky, tuvo tan tremendo éxito que duró muchas semanas y tal pareciera que no quería irse de esta tierra que tantos aplausos le brindó.  Tanto que cada semana el costo del boleto bajaba, hasta que llegó a los cinco pesos, que en nada correspondía a la gran calidad del espectáculo que presentaba.

Ojalá que después de la contingencia sanitaria termine, los circos regresen a trabajar; de nuevo recorriendo pueblos y ciudades, cumpliendo con su principal motivo: arrancar las sonrisas a niños, jóvenes y adultos.  Mientras tanto, solo nos queda esperar y disfrutar de las películas que tratan del tema y de las funciones que para adaptarse a esta nueva normalidad, algunos presentan a través de las plataformas tecnológicas y redes sociales. Pero claro está, nada se compara a disfrutar de cualquier tipo de espectáculo de manera presencial, es decir, en vivo.

Colaboración de Kalli Arahv para Zunoticia.

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