Por Justino Gutiérrez A.
Huejutla, Hgo. – Antonia se quedó con el grito ahogado y el Jesús en la boca, cuando al voltear hacia la carretera, frente al Hospital Regional, un vehículo pitó y pasó zumbando a un lado de una endeble figura.
¡Lo van a atropellar! Gritó una de las empleadas de la hilera de locales comerciales que se ubican frente al nosocomio.
El peligro no cesaba, en los cuatro carriles subían o bajaban hacia el nudo de puentes, todo tipo de vehículos a exagerada velocidad, algunos superando los cien kilómetros por hora. La deteriorada figura, tambaleándose, se perdió en la parte baja de los puentes.
Antonia, una chica de buen corazón, tomó su teléfono y marcó el número de la policía municipal, un oficial respondió la llamada, la joven explicó el riesgo que pasaba la persona. Eso lo atiende la policía estatal, le respondieron y le colgaron. Preocupada la chica marcó a los estatales. Los borrachines son cosa de los municipales, le contestaron e igual le colgaron.
Eran los últimos días de febrero. El sujeto volvió a pasar tres o cuatro veces más frente al hospital sobre los carriles de circulación, Antonia se atrevió a subir al camellón central, para con señas advertir a los choferes del peligro, solo se ganó que más de uno le dijera adiós, mija.
Una vez más insistió por teléfono a las policías, la respuesta fue la misma, mutuamente “se echaron la pelota”
A las 18:53 horas del viernes 25 de marzo de 2022, una patrulla estatal con la torreta prendida, procedente del rumbo de Tehuetlán, pasó frente al Hospital “como alma que lleva el diablo”.
19:03 horas, Antonia, luego de haber terminado su jornada laboral, aborda frente al Hospital la combi, rumbo a Huejutla.
19:06 horas, recibo una llamada de Antonia. ¡Lo mataron, lo mataron, lo atropellaron, está aquí tirado, casi frente al CRIH
Resultó ser familiar del chófer de la combi donde viajaba Antonia; que el anciano tenía como ochenta años y que era de La Cruz de Zocuiteco.
Alrededor del cuerpo desmadejado, había decenas de metros de cinta plástica para “preservar el área donde ocurrió el crimen”; unas diez patrullas cuidaban “que no hubiera un accidente”.
Ya pa’que, esas patrullas debieron de estar ahí, con sus torretas prendidas inhibiendo a los conductores, desde hace muchas semanas, muchos meses atrás.
Son las 7:10 horas del sábado 26, no hay vigilancia policial en el “tramo de la muerte”, es, como si la vida o la muerte de un ser humano no hubiera hecho reflexionar que se necesita bajarles la velocidad a los choferes que aquí transitan.
Hay más muertes anunciadas por aquí.
Seguro que sí.
Pie. – Por Justino Gutiérrez A.