2026-01-30 23:29:57
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El enigmático “Niño Dios” de siglo y medio de antigüedad

Por Salvador Altamirano/Zunoticia

Huejutla, Hgo.- La colonia San José, antiguamente Barrio El Potrero, que es considerada en la cabecera municipal “cuna de tradiciones”, se ha caracterizado por sucesos históricos y extraños importantes, entre ellos la integración de la primera cuadrilla de danzantes de Xantolo, cuyo elemento preponderante representativo es una máscara de madera de más de un siglo, denominada “La Cobradora”.

Asimismo, la familia Ortiz Lara es la propietaria de un Niño Dios de madera que según refieren tiene más de 150 años de antigüedad, el cual debido a varias restauraciones generada por el tiempo y la polilla, ha sufrido en su rostro una extraña metamorfosis, primero niño, después anciano y ahora joven.

Al respecto, la señora Celia Lara, explicó que la imagen tallada en madera era propiedad de su tatarabuela Tomasa Gutiérrez Reyes, quien falleció a la edad de 110 años y en compañía de su esposo, Santiago Vite, llegaron a vivir en una casa choza del otrora Barrio El Potrero; en aquel entonces un ínfimo caserío fundado por seis familias: Esparza, Ángeles y Herrera, entre otras tres. Mis tatarabuelos -acentuó-, eran originarios de la comunidad de Tlalnepanco, municipio de Huejutla, por lo que se presume que en ese lugar fue tallado el precitado Niño Dios.

Comentó que hace muchos años, cuando ella era niña, la figura eclesiástica se vio involucrada en un suceso extraño, considerado en esa fecha un milagro. En uno de esos pretéritos años -dijo-, hubo en la región una sequía prolongada y catastrófica, por lo que los vecinos del lugar pidieron prestada la imagen del Niño Dios, y lo llevaron a un yacimiento de agua de la zona conocido como el “pocito”.

Agregó que ahí le rezaron y le prendieron velas varios días, cuál no sería su sorpresa que al acudir una mañana encontraron sobre el pocito un animal raro, tapándolo completamente, por lo que al no conocer la especie se asustaron y fueron a traer a su tatarabuelo, Santiago Vite, quien les dijo que era una enorme “acamaya”. Esa noche -concluyó-, después de meses sin llover, el cielo se desbordó en un torrencial aguacero, lo cual lo cuento como anécdota, pero podría ser un milagro.

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