Por Salvador Altamirano/Zunoticia
Atlapexco, Hgo.- Omegar Salazar Tovar, fue un laureado cantautor nativo de Coyolapa, municipio de Atlapexco, quien compuso más de 500 huapangos y canciones diversas, entre ellas la titulada “Mirando una estrella” (o Miros), que le dedicó a su hija, Miroslava Salazar Lara.
Entrevistada por Zunoticia Global en su casa, en Atlapexco, en la estancia que era el estudio del compositor, que aún conserva como tal, en un ambiente de tristeza, pero de agradables recuerdos, Miroslava Salazar enfatizó que para todos los hijos sus padres son una maravilla, y el de ella no fue la excepción, independiente que era un reconocido cantante y compositor.
Entre bruma de melancolía explicó que, no obstante, su padre fue un hombre muy sencillo, noble, dicharachero, amiguero, bohemio, huapanguero, ya que le gustaba cantar, aunque no mucho bailar, y derivado de su inspiración le compuso canciones a la mujer, pero más a la Huasteca que amaba con el alma, pero, sobre todo, fue un padre ejemplar y un buen esposo.
Rememoró que cuando eran niños vivían en un rancho llamado “La Providencia”, propiedad de su abuelo, muy cerca de Coyolapa, por eso nosotros nos consideramos de esa comunidad. Aunque el rancho era muy grande -detalló-, donde había ganado y caballos, vivíamos en una casa muy pequeña.
Refirió que por tal motivo, en las noches cuando hacía mucho calor, su papá tenía un catre y lo sacaba al patio, donde se acostaban todos los hijos con él a ver la luna y estar cantando. Me comentó -especificó-, que en una ocasión cuando yo era muy pequeña, estando acostados mirando al cielo le dije: “Mira papá una estrella”, y me contestó: “Si hija es tal”, sabía mucho ya que había leído bastantes libros.
Y mientras mirábamos -agregó-, como se desplazaba la estrella en el firmamento, mi papá seguía tocando la guitarra, y con ese motivo me compuso una canción que se llama “Mirando una estrella” (o Miros), la cual forma parte de su invaluable legado musical.
Al inquirirle a qué edad descubrió la grandeza musical de su progenitor, refirió que fue a los 18 o 19 años, cuando se dio cuenta que su padre era grande entre los grandes, musicalmente hablando, cuando en 1998 unos amigos le hicieron un homenaje en Huautla, entre ellos José Castelán (el Che); Ignacio Castelán y Francisco Olivares, entre otros.
En el mismo contexto, Miroslava Salazar Lara comentó que su padre decía que había compuesto más de 500 canciones, lo cual es cierto, pero también compuso poemas, uno de ellos que a toda su familia nos gusta mucho, y a mí en lo particular, dedicado a la Huasteca, donde en un fragmento expresa: “Mi Huasteca es tierra santa/tierra de águilas bravías, donde Dios puso su planta, y nuestra Virgen María dio su bendición más santa”.
Para concluir, Miroslava Salazar, haciendo una pausa mientras derramaba lágrimas de un amor imperecedero, alzando la vista como queriendo escudriñar el cielo, expresó a su padre que lo extraña, que lo tiene presente en su estudio, donde están sus fotos, sus reconocimientos, sus cosas, sus canciones y poemas, por lo que conserva esa estancia como la dejó al morir.