2026-01-30 23:29:57
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El transportista más pequeño de la ruta Tlanchinol

  • Admiración, respeto y aprendizaje entre padre e hijo.

Por Karen Rivera / Zunoticia

Tlanchinol, Hgo.- En la ruta de transporte público de Tlanchinol hay un pasajero muy especial que, pese a su corta edad, ya se ha ganado el cariño y la admiración de usuarios y compañeros transportistas.

Se trata de Cristian Pascual Pamuceno Hernández, un niño de apenas cinco años, quien acompaña todos los días a su padre, Laureano Pamuceno Hernández, operador de la unidad con el número económico 18 de la ruta Tlanchinol- Huejutla, y que orgullosamente porta el uniforme como parte del equipo.

Laureano relata que, desde muy pequeño Cristian ha estado a su lado, tras enfrentar complicaciones de salud cuando era apenas un bebé, lo que obligó a frecuentes traslados a Pachuca y a una pausa en sus estudios, desde entonces, el niño comenzó a acompañar a su padre en la unidad.

“Desde chiquito lo he traído conmigo, primero en el primer asiento. Siempre le ha gustado andar aquí”, comentó.

Hoy, Cristian se sienta en la parte superior o trasera de la unidad, observa el ir y venir de la gente y, según su padre, aprende algo más que el funcionamiento del transporte.

“Me ayuda a entender a la gente, a cómo tratarla. Es una forma de que vaya pensando en su futuro, de que valore las cosas”, explica Laureano, quien reconoce que para su hijo representa un orgullo portar el uniforme de transportista.

Durante los recorridos, Cristian combina el juego con el aprendizaje. Su padre le habla de temas escolares, de la importancia de la conducción responsable, de la comodidad y seguridad de los pasajeros, e incluso de asuntos como los animales en peligro de extinción.

“A veces se pone a practicar conmigo y luego lo relaciona con lo que ve en la escuela”, señaló. El pequeño ya conoce las rutinas y horarios de la ruta Tlanchinol, aunque tiene la opción de quedarse con su abuelita, prefiere acompañar a su papá.

“Le gusta estar conmigo, andar en la ruta. Ese es su gusto”, dijo Laureano, quien trabaja desde las cinco y media de la mañana y reconoce que no siempre es fácil equilibrar el trabajo con la familia.

Para el transportista, compartir su jornada con Cristian es también una oportunidad para inculcarle valores. “Lo principal es que estudie y se prepare, que entienda que este trabajo es el sustento de la casa y que aprenda a respetar y valorar el esfuerzo”, afirmó.

Cristian, con la sencillez propia de su edad, resume su experiencia con una sonrisa: le gusta acompañar a su papá, viajar en el carro y, sobre todo, el clima fresco del camino.

Así, entre vueltas, pasajeros y aprendizajes cotidianos, el niño se ha convertido en el transportista más pequeño de la ruta Tlanchinol, un símbolo de convivencia familiar y de valores sembrados desde la infancia.

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