Por Jorge Isaac Sánchez/Zunoticia
San Felipe Orizatlán, Hgo. – Para Don Pablo Hernández Hernández, el oficio de nevero no es solo un trabajo, sino una forma de vida que ha mantenido desde 1976.
A sus 68 años, sigue levantándose cada mañana a las 7:00 a.m. para preparar su mercancía, impulsado por el gusto de trabajar y la autosuficiencia.
Don Pablo relata que sus inicios no fueron fáciles. Originalmente trabajador de jornal, decidió buscar mejores oportunidades fuera de su pueblo natal, pasando 12 años en lugares como Tantoyuca, fue allí donde conoció a un maestro nevero poblano que le enseñó los secretos del oficio.
”Un señor que venía de acá de Puebla, pero nosotros, yo y él nos encontramos allí en Tantoyuca; yo ya andaba por allá. Yo soy de aquí, originario. Pero me gustó andar fuera de mi pueblo, tardé por allá como 12 años, así buscando trabajitos, aunque sea poquito me ganaba, pero siquiera me enseñé a trabajar como debe de ser. Sí, trabajo limpio”, dijo Don Pablo.
Tras aprender la receta y los procesos básicos, regresó a Chapulhuacanito, donde se convirtió en el único nevero de la zona en aquel entonces.
Uno de los puntos más destacados por Don Pablo es el drástico cambio en el costo de vida, recordó con nostalgia los precios de los años 70:
“El 76. Esa nieve que está ahorita, ese barquillo valía 40 centavos; había otro conito así delgadito, chiquito, 20 centavos. Aparte, pues todo era barato, el hielo valía 25 pesos media barra, todos los útiles que se consumen aquí, todo era barato: azúcar, En aquel tiempo valía el kilo de azúcar en CONASUPO 2 pesos con 30 centavos; Leche Carnation 9.90 no llegaba ni a 10 pesos, pero ahorita ya todo caro”, mencionó.
Actualmente, aunque se resiste a dar precios altos, vende el conito a 10 pesos, señalando que el encarecimiento de la materia prima ha forzado a otros vendedores a subir sus precios hasta los 15 pesos.
Del mismo modo mencionó que, a pesar de contar con el apoyo económico del programa Bienestar para adultos mayores, Don Pablo no piensa en el retiro, para él, la clave está en mantenerse activo.
”Es que me gusta chambear, no me gusta andar ahí nomás así viendo a ver qué hay. No… ya me acostumbré; a las 7:00 me levanto a traer hielo y me pongo a chambear. Mientras estoy bien, gracias a Dios, y el tiempo… el tiempo el que nos apoya es el tiempo, y ahí adelante. Hay que chambear. Aunque sea poquito… poquito, pero sacamos para la papa”, finalizó.