Por Salvador Altamirano/Zunoticia
Atlapexco, Hgo.- Entrevistada en torno a cómo se celebraba antaño el carnaval en la población, la directora de la “Casa del Poeta Omegar Salazar Tovar”, Miroslava Salazar Lara, enfatizó que Atlapexco se ha distinguido en la región por preservar sus costumbres y tradiciones, tal y como nos las dejaron nuestros antepasados.
Especificó que el carnaval inicia como en todas las poblaciones de la Huasteca, a mediados del mes de febrero, un lunes, pero el domingo por tradición, en todas las casas se prepara zacahuil y xojol, para que al siguiente día las familias se reúnan a desayunar, platicar y, por qué no, a tomarse unas copias, y por la tarde comienza la pintadera.
Subrayó que, el martes a las doce horas, don Porfirio Oviedo, “que dicen era un señor muy alegre, ya que no lo conocí, vivía en el centro contra esquina con la presidencia municipal, adornaba con flores de papel crepe y naturales, un burrito que tenía, lo montaba y pitaba para animar a la gente, un cuerno de esos con que se llama al ganado, por todas las calles de la población, que en ese entonces eran tres nada más”.
Agregó que, se unían a la invitación para iniciar la algarabía dos señoras muy conocidas y muy alegres, a quienes llamaban “tía Nana” y “tía Beba”, las cuales sonaban latas para manteca, y la gente salía de sus casas ya con tizne en sus manos, iniciando la pintadera al compás de las alegres notas de una banda de viento.
El lunes y martes -añadió-, por las noches, había bailes en la galera, “aunque tenía cinco o seis años, recuerdo que había unas bancas color de rosa, sobre las cuales unas señoras que hacían pan todo el año y guardaban los cascarones de huevo, los pintaban con fuchina y rellenaban con confeti, en canastas grandes, rebosantes; las colocaban en esas bancas y los vendían, por lo que durante el baile era una infinita tronadera de cascarones, y recuerdo que los niños recogíamos el confeti y nos lo aventábamos”.
Ese era en Atlapexco la celebración del carnaval de antaño -rememoró con nostalgia-, el cual se ha ido perdiendo poco a poco, y ahora es un relajo, se hecha pintura que tarda en quitarse y harina con la que a veces se andan ahogando.
Para finalizar, Miroslava Salazar subrayó que, en lo que respecta al burro la tradición del carnaval sigue como tal, el mismo pueblo lo exige, por lo que los presidentes municipales en turno, ese día tienen que montar un burro y hacer un recorrido desde donde inicia el desfile hasta la galera del centro. Es una costumbre emblemática -acentuó-, que nos dejó el señor Porfirio Oviedo.