- En la gastronomía de la Huasteca no pueden omitirse los bocoles, y los que preparan las manos de Alejandra Martínez, en Aquismón, lo confirman.
Stephanie Huerta
Aquismón, S.L.P.- Uno de los principales atractivos turísticos de la Huasteca es su gastronomía, donde cada platillo que se prepara forma parte de la historia de las comunidades indígenas y forma parte de su vida cotidiana, de sus costumbres y sus tradiciones; sobre ello nos platica Alejandra Martínez, habitante de la localidad de Tampate, quien, a los pies del fogón y con la masa entre los dedos, señala que uno de los antojitos más buscados son los bocoles de la Huasteca.
Sobre su modo de preparación, dijo, primeramente, se pone a cocer los frijoles en la lumbre, frijol negro con algunas hojas de cilantro criollo; cuando estos ya estén cocidos se dejan enfriar para después ser guisados y molidos. Ya que están guisados se sigue con la masa, la cual se muele en molino dos o tres veces hasta que queda lista, se le agrega agua y aceite vegetal, aunque también se prepara con manteca de res y de puerco: “yo lo hago con aceite porque muchas personas ya no comen manteca de puerco y la manteca de res los deja duritos”, dijo.
Posteriormente se pasa a la torteadora donde las pequeñas bolas de masa se aplanan para formar una tortilla en la que se untan los frijoles, se cierra en forma de taco y se le da la forma y así pasan al comal donde se espera a que se doren para servir en el plato. Estos son acompañados con una salsita verde o roja, con queso, chorizo o cualquier guiso que desees agregar.
Hay diferentes variedades de bocoles, pero todos tienen una característica particular y es el tostado en el exterior que le da un sabor incomparable y por dentro la suavidad de la masa y el frijol. Los hay de distintos tamaños, hay unos muy pequeños, blancos a base de manteca, hay otros muy grandes con el frijol en medio de la gordita y están los clásicos que es el tamal pinto, el de la región Huasteca que lleva los frijoles revueltos en la preparación de la masa.
Su precio es de 3.50 pesos o bien tres bocoles por 10 pesos. En su caso, doña Alejandra ofrece estos bocoles para venta por encargo desde el 2012, aunque desde antes los preparaba, instruida por su madre, fue hasta este año que surgió la necesidad económica, lo que la hizo valerse de sus conocimientos en cuanto a la preparación de este alimento para poder sacar a su familia adelante: “a mí me enseñó a hacerlos mi mamá, era lo que comíamos más antes, para variar un poco la comida de todos los días y que no nada más fueran puros frijoles nos hacía los bocolitos, ya después yo tuve que hacer para vender y sacar mi dinerito”.
Pero, actualmente, se ha facilitado mucho la vida en las comunidades y la forma de cocinar ha cambiado, ya muchas personas no utilizan leña en la casa porque tienen estufa y quienes la utilizan ya no van a cortarla, sino que la compran a otras personas; la masa también ahora la reparten hasta los hogares, al igual que la tortilla de maíz, la salsa se hace en licuadora, el agua ya no se acarrea de pozos o arroyos, sino que llega directamente a través de tuberías.
“Antes era muy pesada la cocina, empezando por el agua, la acarreábamos en tinas, desde los pozos, la leña también la juntábamos para cocinar, para la masa se molía el nixtamal en el metate, tres veces, yo no sabía y me costó aprender, también se molía en molino”.
Otros de los antojitos que vende doña Alejandra son los cuiches, tamales de elote de menor tamaño que un tamal normal, envuelto en hoja de maíz, aunque también sabe preparar el tamal en hoja de plátano, el bolim, las famosas enchiladas y otros platillos típicos de la región que a la fecha los visitantes buscan probar, mientras que anteriormente los hogares los consumían del diario. Ahora las cosas han cambiado, los jóvenes ya no tienen interés por aprender a cocinar estos platillos, ni su significado ni de las tradiciones de las comunidades indígenas.
Finalmente, dijo que pese a que los tiempos están cambiando, muchas familias en comunidad se están adaptando a los cambios y luchan por mantenerse a través de sus conocimientos, los que su misma comunidad les ha entregado con el pasar de las generaciones: “yo pienso que son buenos los cambios porque eso nos ayuda a nosotros, se nos han vuelto más fáciesl las labores diarias y a la vez apoyamos a los que están vendiendo, muchos de ellos son también de comunidad como nosotros y así es esto, hay que apoyarnos, yo apoyo a mi vecina comprando leña, a mi me apoyan comprando mis bocoles que vendo desde mi casa”, concluyó Alejandra Martínez.