La lucha entre el bien y el mal: La Toreada Sagrada

  • Artemio Cruz nos cuenta desde su experiencia sobre esta impactante y encarnada tradición, donde la sangre corre y las almas de los tanlajenses se ven purificadas.

Stephanie Huerta

Tanlajás, S.L.P.- La Semana Santa para el pueblo tének no es solamente un periodo religioso, sino que es el tiempo en que se desarrollan también muchas de sus tradiciones más representativas y mayormente arraigadas, las cuales encierran no solo costumbres y creencias, también la esencia espiritual, haciendo alusión a que existen el bien y el mal, siendo este último aspecto, por lo regular, representado por el diablo.

Hablamos de un diablo que aparece en las tradiciones de los diferentes municipios de la zona Huasteca, representado de diferente forma, existen los huehues, diablos enmascarados y pintados   del cuerpo que van danzando por las calles de municipios como Aquismón y Huehuetlán, en Tancanhuitz los diablos son representados en máscaras monumentales con colores llamativos que danzan y corretean a quienes les rodean y aunque parecida, no se asemeja a la tradición que prevalece en el municipio de Tanlajás.

Esta tradición de más de 200 años representa la lucha entre el bien y el mal, el mal representado por la figura del diablo, caracterizado a través de máscaras talladas en madera, que, si bien no tienen cuernos, los pobladores las reconocen como tal; máscaras talladas por Edgar Sánchez Hernández, artesano de la localidad de Santa Rosa y portando consigo un chicote, hecho a base de cuero de vaca, el cual es elaborado por quien desde hace 33 años es reconocido como el Diablo Mayor, Artemio Cruz.

El bien, por otro lado, porta consigo un bastón con el que reta al mal, este se vuelve también su única defensa contra los chirrionazos que lanzan los diablos a las piernas de su adversario, terminando el duelo cuando el bien logra tumbar al diablo y tocar su cabeza con el bastón. Es así que se representa de forma popular la pasión y muerte de Cristo, a través de la “Toreada Sagrada”.

Artemio Cruz nos cuenta desde su experiencia sobre esta impactante y encarnada tradición, donde la sangre corre y las almas de los tanlajenses se ven purificadas: “Esta tradición que se realiza en la Semana Santa tiene más de 200 años, yo tengo ya más de 33 años de ser Diablo Mayor; el Diablo Mayor es elegido mediante votación, debe de conocer sobre la tradición de Tanlajás.

“Esta tradición representa la lucha del bien contra el mal, le decimos así porque el diablo representa al mal y el que lo torea representa a Cristo y solo porta un palito, uno de diablo trae… se le dice chirrión, pero en otros lados se le conoce como látigo, estos se hacen con tiempo y varían en el número de las correas, a como lo pida el diablo”, añadió en este sentido Artemio, que como artesano siempre ha estado dispuesto a inculcar  a los más jóvenes el gusto no solo por la tradición, sino por la elaboración de estos chicotes de manera tradicional y que la tradición siga siendo la misma de hace 200 años.

El proceso de elaboración de los chicotes es también todo un arte, pues se elaboran con cuero de vaca, el cual tiene un costo muy bajo, luego se retira con varias y se deja al sol, cuando ya está lista se moja para que se ablande y poderla trabajar, comenzando a realizar los cortes de las hebras.

La lucha empieza cuando quienes representan al bien entran al ruedo y tocan al diablo con su bastón en la máscara, el diablo empieza a lanzar chicotazos que la persona debe esquivar con apoyo de ese bastón que será su única defensa: “Obviamente que sí se lleva uno que otro chirrionazo, porque habemos diablos que sí sabemos pegar”.

Las fechas en que se lleva a cabo esta tradición es a partir del Jueves Santo hasta el Domingo de Resurrección, a la par de las celebraciones religiosas y es llevada a cabo por personas del pueblo de Tanlajás, en este grupo de diablos actualmente están integradas más de 67 personas de las cuales todas pueden participar, puesto que el espacio de la cancha en donde se realizan las presentaciones es reducido, aún así, señaló Artemio Cruz, se ha logrado reunir hasta a 13 mil personas.

“También tenemos diablitos, los niños también tienen sus tres días de actividades, los apoyamos en eso, ya de esos diablitos yo le echo el ojo a algunos, por decir, si participan 30, de esos 30 aquellos que van creciendo y que saben manejar el chicote los paso a la toreada grande para que empiecen con la toreada”, mencionó.

Esta tradición no solamente se queda en Tanlajás, sino que ha rebasado las fronteras del estado potosino y ha logrado llegar hasta la Ciudad de México, Coyoacán, Tampico, así como en distintas entidades del estado de Veracruz, siendo en este estado la última gira que se realizó antes de la contingencia sanitaria: “Yo les digo a los muchachos, yo se que la juventud es inquieta, pero le digo que hay que esperar porque hay que cuidarnos, ahorita apenas estamos viendo si podemos salir aunque sea a las calles, pero estamos en pláticas sobre eso, lo que no queremos es aglomerar gente.

“A mí me llena de gusto formar parte de las toreadas, tener vida para seguir y que mis hijos sigan mis pasos, me da orgullo ser parte, poder salir a otros lugares, hacer chirriones, sí los hago todavía, me llena de gusto participar cada año, no tenemos vicios más que participar de nuestras tradiciones”.

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