Leyenda del Tancuilín; Matlapa, San Luis Potosí

Tancuilín era un pueblo posiblemente más extenso que Tamazunchale, habitado por españoles e indígenas

Miguel Ángel Castillo Andrade

Ésta leyenda la cuentan en Matlapa San Luis Potosí, donde conviven pueblos huastecos y nahuatlacos. El nombre de la leyenda está formado por “tan” palabra huasteca que quiere decir lugar, y “ocuilín” palabra náhuatl que significa gusano, por tanto Tancuilin significa “Lugar de gusanos”.

Contaban los más sabios, los que pasaron, que los primeros hombres que llegaron a esta tierra quisieron vivir bien.

Entonces buscaron un manantial, a ese manantial iban las mujeres a lavar el nixtamal, a agarrar el agua, a lavar la ropa, y les servía para todo.

Pasó que de ese ojo de agua, empezó a salir una viborita que parecía un gusano, las mujeres le daban nixtamal cuando bajaban a lavarlo, y la víbora se lo comía muy contenta, y empezó a crecer y a crecer, por eso el pueblo se llama Tancuilín, que quiere decir lugar de gusanos.

Entonces, ya con el tiempo, el gusano fue creciendo y creciendo, hasta que se hizo una víbora grande.

Los chiquillos decían que los asustaba el ocuilín y cada día los asustaba más, porque la víbora aquella se iba haciendo grande y gorda.

Las mujeres empezaron a decir que se la iban a comer porque había engordado con su nixtamal, decían que para qué se iba a quedar el ocuilín de recuerdo, que no era más que una víbora común y corriente.

Un día, entre hombres y mujeres se la comieron, estaba sabrosa la víbora, muy gorda. El mismo día que se comieron la víbora, ya por la noche, se vino una tormenta fuerte, llovía sin parar y el agua inundó la iglesia.

El caso es que, según cuentan, la iglesia se derrumbó y su campana quedó enterrada en un hoyo grande, entre más la jalaban para sacarla, más se sumía; porque allá abajo de la tierra, una víbora estaba jale y jale el corazón de la campana.

Tanto jaló la víbora que terminó encantando el badajo, o corazón de la campana. La cola de la serpiente se volvió cascabel. Desde entonces dicen que anda por ahí, arrastrándose “chsss, chsss, chsss” la víbora que llaman de cascabel.

OTRA VERSIÓN

Tancuilín era un pueblo posiblemente más extenso que Tamazunchale, habitado por españoles e indígenas.

Cuenta la leyenda que cierto día apareció un gusano de aproximadamente quince centímetros, con ciertas características que llamó poderosamente la atención de los lugareños. Las mujeres del poblado acostumbraban acudir diariamente a la orilla del río a lavar el nixtamal, arrojando puñados del maíz cocido para alimentar al animal.

Conforme fue pasando el tiempo el gusano se transformó en una víbora de dimensiones asombrosas, con una piel que resaltaba vivos colores. El gigantesco reptil siguió habitando las aguas del río convirtiéndose en mascota de la comunidad.

Un domingo por la mañana dos niñas decidieron nadar en las apacibles aguas del río Tancuilín, de repente una de ellas fue jalada a las profundidades, su pequeña amiga solo alcanzó a gritar su nombre para después paralizada de miedo observar como la víbora devoraba a su compañera.

Los pobladores rápidamente se hicieron presentes en el lugar de la tragedia y empezaron las especulaciones:

– “posiblemente fue otro animal”.

– “nuestra víbora solo está acostumbrada a comer nixtamal”.

La pequeña niña que fue testigo de la tragedia, detalló el suceso y se llegó a la conclusión de matar a la gigantesca serpiente.

Su aniquilamiento fue una tarea que realizaron todos los hombres de Tancuilín pero no conformes con darle muerte comieron su carne.

Los pobladores ignoraban que esa víbora era la representante del Dios Quetzalcóatl, quien montó en cólera y mandó una tromba que borró toda seña de vida en el poblado.

Algunos habitantes de Tamazunchale de esa época supieron del castigo y su fervor hacia Quetzalcóatl fue en aumento. En aquel entonces Tamazunchale tenía dos imponentes pirámides en su calzada más importante (la ubicación actual sería el lugar que ocupa el Hotel Tropical y el edificio Télmex).

Algunos habitantes de la antigua Tam Uxum Tzalle comenzaron a elaborar cerámica con motivo de adoraciones a Quetzalcóatl y hubo quienes reprodujeron la cabeza de aquel colosal reptil que había desaparecido a todo un poblado.

Una enorme cabeza de la víbora representante de Quetzalcóatl está colocada en una casa de la esquina de la calle Cuauhtémoc, frente a Telmex.

Escrito original de: Instituto Latinoamericano de Comunicación Educativa (ILCE) y El Homo Rodans.

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