La muerte entre los prehispánicos mexicas

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Por J. Apolinar Pérez Domínguez/Zunoticia

En un mundo en que las fuerzas del cosmos influirán en el equilibrio y desequilibrio del mismo, era lógico suponer que ésta polaridad “equilibrio-desequilibrio” tuvieran el mismo efecto sobre el organismo del ser humano, afectando su salud, pues el cosmos era el reflejo del modelo corporal y en el extremo del desequilibrio estaba la muerte.

La vida no era un asunto fácil, aunque los hombres sabían que la muerte no era un fin, sino parte de la vida misma, existía temor porque por cualquier circunstancia se podía perderla, ello era motivo para que nuestros antecesores prehispánicos estuvieran permanentemente con nuestras divinidades.

LA MUERTE

La muerte era un tema recurrente que obsesionaba a los hombres, y aunque ellos procuraban no enfrentarse a ella, excepto a aquellos que estaban preparados para combatir en la guerra, porque sabían que su valor sería premiado y eran las divinidades quienes deberían de dejar el mundo terrenal enviándoles una determinada fecha de terminar su existencia.

Se creía en una alma o espíritu que se separaba del cuerpo cuando el hombre moría, y está alma se dirigía a otro mundo donde sobrevivía un determinado tiempo, dependiendo del tipo de muerte y se consideraba a la muerte como la dispersión en el individuo con varios elementos.

Al sobrevenir la muerte se tenía la creencia que la parte del ser humano se desintegra, pero la parte inmaterial continuaba viviendo al menos durante un tiempo determinado, también se tenía la creencia que con la muerte iniciaba la separación con los componentes con que estaba conformado el individuo al vivir en el mundo y al llegar al Mictlán la fuerza vital se liberaba de sus últimas adherencias.

Los ritos mortuorios realizados después del fallecimiento del hombre tenían como objetivo colaborar con las divinidades con el cierre del ciclo de vida-muerte, el cual permitía dar lugar al nacimiento de nuevos seres humanos.

Durante los funerales al difunto le colocaban ofrendas junto a hogueras cercanas, el fuego era el vehículo de comunicación entre la superficie de la tierra y el camino que debería seguir al inframundo siendo una de las entidades que se desprendía al momento de la muerte.

EL OTRO MUNDO

No todos los que morían tenían el mismo ultra terrenal, pues esto estaba determinado por las circunstancias de la muerte:

-Mictlán: Iban los que habían fallecido de muerte común, es decir por enfermedad o vejez.

-Tonatiuh, Ilhuicatl: Cielo del Sol a donde iban los caídos en combate, sacrificios al Sol, y las mujeres muertas en primer parto.

-Tlalicán:  Aquellos que morían por alguna causa relacionada con el agua, ahogamiento , rayo y ciertas enfermedades.

-Chichihualcuauhco: Lugar a donde iban al morir los niños lactantes.

EL ENTIERRO

La cremación y el entierro eran de dos formas en cómo los muertos emprendían su viaje final.

Eran enterrados los que morían por rayo, los leprosos, gotosis, hidropivos y todos aquellos que habían sido llamados por los dioses del agua y por la lluvia, también se enterraban a las mujeres muertas durante el parto, el resto de los que morían como los guerreros o tlatoanis eran incinerados.

CAMINOS DISTINTOS

Así mismo se creía que existían destinos distintos para los fallecidos, y también se creía en la existencias de formas de vida distinta, los cuales al parecer se correspondía con la forma de muerte y con el destino ultraterrenal.

El camino seguido por el fallecido rumbo al Mictlán era difícil y doloroso y duraba cuatro días.

Aquellos seres que habían tenido una vida efímera y que no se habían manchado aún como los recién nacidos, seguían el camino directo al Chichihualcuauhco.

Aquellos que debían llegar al Tonatiuh Ilhuicatl seguían un camino directo y placentero.

Finalmente los Huei Tlatoani eran incinerados para ser recibidos por Mictlantecuhtli Dios de la muerte.