- Así pasó el tiempo y en una de tantas noches lluviosas de tormenta, se dio el caso de que su madre falleció, mi padre José Pérez Camargo resintió y sintió mucho el fallecimiento de éste ser querido.
Por Apolinar Pérez Domínguez
Hablar de Tamazunchale a principios del Siglo XX es hablar de una sociedad que era muy alegre, emprendedora, una sociedad viviendo en unidad, con carencias y también porque no decirlo, con mucha pobreza.
Pero la gente era animosa, durante el día la gente trabajaba, la gente de luchaba, la gente se construía, intentaban tener lo más indispensable a base del esfuerzo de muchas personas que iban a hasta la Ciudad de México con una cuadrilla de recuas y otros que iban hasta el Puerto de Tampico en las famosas canoas, pero con todo y eso Tamazunchale se veía feliz. Se veía que había una paz espiritual en este vivir de principios del Siglo XX.
De entre las principales causas que subyugaban a esta población eran de todo tipo, primeramente queremos a usted decirle que la sociedad se unía en casos de hacer una labor asistencial, como cuáles?, Como la colocación del reloj municipal allá por el año de 1901, segundo; la colocación de un kiosco muy original en el centro del Jardín Municipal, tercero; hacían grandes fiestas como aquellos hermosos carnavales que sentaron la historia de lo que hoy se vive, pero también así pasaron muchas causas de molestia como los efectos de la Revolución Mexicana que también llegaron a esa zona de la Huasteca, los efectos que también le dieron al traste fue con la gripe española en el año de 1918, y otra de las acciones que un poquito más, si hacemos la retrospectiva el susto que se llevaron los habitantes de Tamazunchale cuando vieron una Aurora Boreal pensando que ya era el fin del mundo, pero con todo y esto siguieron trabajando en ese entonces.

Tamazunchale era una población viva, pero también era una población muerta por la noche, porque todavía no había iluminación de energía eléctrica aun tenían que alumbrarse las casas con aparatos con petróleo y las tradicionales velas o quinqués, era muy macabro ver cómo vivían y cómo se veían a lo lejos dichas construcciones en la oscuridad con poca luz y sobre todo con sobresaltos porque era el tiempo de las vivencias y experiencias de los casos sobrenaturales.
Mi padre se llamó José Pérez Camargo, quien a temprana edad su padre murió, él llevaba por nombre Apolinar Pérez, su mamá fue doña Pascuala Camargo.
En aquella época entonces mi padre tuvo que trabajar para poder sostener a su madre, mientras su madre también hacía trabajos domésticos en la casa de don Eladio de las Heras, quien era una persona que tenía una tienda que por mucho tiempo llevó el nombre de La Esmeralda a un costado del Palacio Municipal.
Fue así como mi padre fue creciendo y llegó a ser un hombre productivo, amaba mucho a su mamá y era su único consuelo, su única esperanza, era toda la familia que tenía.

Así pasó el tiempo y en una de tantas noches lluviosas de tormenta, se dio el caso de que su madre falleció, mi padre José Pérez Camargo resintió y sintió mucho el fallecimiento de éste ser querido que no lo pudo aceptar, y fue entonces cuando él empezó a consolarse con el alcohol, con la cerveza y así pasó mucho tiempo y todas las tardes iba a llorar a su tumba, ahí se quedaba dormido.
A veces hubo ocasiones en que despertaba arriba del panteón dónde descansaban los restos de su madre, y todo eso él pensaba que eran alucinaciones, pero el continuaba yendo a rezar a pedir por su paz espiritual y todo lo que son los cánones de la religión.
Y fue así como una de tantas noches del mes de mayo cuando solían llegar los ventarrones las tempestades las fuertes lluvias, los truenos, en fin todo lo que era un cuadro dantesco, en aquellas tardes noches del mes de mayo y fue un día así cuando mi padre José Pérez Camargo llegó al panteón ya con algo de bebidas embriagantes encima y se puso a hacer la misma oración, la repetición de la rutina para visitar a su madre en el camposanto, y ahí según él me cuenta de viva voz que estuvo postrado desde las 7, llegaron las 8 de la noche y precisamente el panteón donde mi abuela Pascuala Camargo había quedado sepultada cerca de un humo donde según se dice que en tiempos de la Revolución muchas muchos hombres fueron colgados, ahorcados en ese lugar, pero independientemente de ese caso mi padre continuó y sintió el pasar de las horas, hasta que ya muy noche donde solamente se reflejaba la sombra o el fantasma de los seres humanos alumbrados por las velas siguió recostado en el panteón con lágrimas en los ojos, de repente sintió que dijo alguien ya le iban a cerrar, oyó una voz extraña y dijo:
-“Ya levántate, ya vete a tu casa, tu madre ya descansa en paz”
Y él contestó:
-“No, yo quiero estar con ella y aquí me voy a quedar hasta que yo muera, me voy a ir con mi madre”
Y así neciamente estaba, hasta que por fin sintió que la mano, una mano extraña lo jaló y le dijo:
-“Te ordeno que te vayas a dormir, que te vayas a acostar, a descansar ya deja de tomar, yo aquí estoy bien estoy en paz”.
Y cuando volteó y escucho esas palabras, vio totalmente, el rostro de su madre, con el mismo vestido que había sido sepultada, con el mismo rebozo que usaba en las noches.

Y sorprendido dijo:
-Madre, ¿qué haces?.
Y de repente al decir eso, la imagen desapareció y se fue perdiendo hasta hundirse a lo más profundo del panteón.
Y mi padre que traía una borrachera, pues salió corriendo, y se fue a su casa y le contó a su esposa (mi madre), lo que había pasado.
Y a partir de ese momento, estaríamos hablando de 1957 o 1958 más o menos, cuando se fundo la orden de los Caballeros de la Virgen de Guadalupe, y hasta ese momento dejó de tomar, y así vivió hasta que llegó el momento de su muerte en el año de 1991, un día 27 de abril.
Desde aquella aparición, ya no volvió jamás al panteón, solamente iba a llevarle flores o una corona, o a arreglar la tumba, y fue así como a través de este hecho sobrenatural, le cambio su estado de vida.