El arte de dar vida al Diablo, 26 años de tradición artesanal de Miguel Ángel Salazar

Facebook
X
WhatsApp
COMPARTE ESTA NOTA

Por Telésforo Enríquez/Zunoticia

San Martín Chalchicuautla, S.L.P. – En San Martín Chalchicuautla, cuna de la festividad del Xantolo, la tradición cobra vida a través de las manos de Miguel Ángel Salazar Hernández. Con más de dos décadas en el oficio desde el año 2000, el artesano continúa un legado familiar transmitido por su padre, Daniel Salazar Cruz, y su tío, Honorio Salazar Cruz. A lo largo de estos 26 años, Miguel Ángel ha preservado las técnicas tradicionales, al mismo tiempo que imprime una esencia propia y renovada a cada una de sus obras.

En entrevista con ZuNoticia, dijo que la elaboración de las icónicas máscaras de El Diablo implica un dedicado proceso de manufactura que requiere alrededor de 15 días de trabajo por pieza. Resaltó que en su confección se emplean materiales autóctonos y de la región, tales como cornamentas reales de vaca, vaqueta de res, así como caucho proveniente de cámaras de llanta de tractor, indicando que la precisión en el aligeramiento de los cuernos y el moldeado de las facciones asegura que cada máscara, ya sea del Diablo Rojo o del Diablo Negro, sea una pieza única de artesanía.

El talento del artesano trasciende fronteras locales y nacionales, pues sus obras han sido enviadas a diversos estados de la República Mexicana, como Nayarit, San Luis Potosí, Nuevo León y Sinaloa, e incluso al extranjero. Refirió que entre sus creaciones más memorables destaca una pieza emblemática exhibida en la Plaza Fundadores de San Luis Potosí, caracterizada por un laborioso trabajo en el moldeado de la boca y facciones expresivas que han servido de inspiración para réplicas posteriores.

Para finalizar, dijo que, además de las célebres máscaras de diablo, también confecciona máscaras talladas en madera de palo de pemuche para otros personajes tradicionales, como el Comanche o el Cole Viejo, resaltando que estas piezas, que llegan a alcanzar un valor estimado de $2,500 pesos, requieren un detallado trabajo en lámina, vaqueta y penachos, enfatizando que sus creaciones permiten a los visitantes llevarse un auténtico recuerdo de la identidad cultural de la Huasteca.