Por Miguel Ángel Castillo Andrade
La infancia de los niños en tiempos revolucionarios era muy diferente a como hoy en día, cuando los pequeños tenían entre siete y nueve años de edad, los varones se alistaban a las bandas de guerras y seguían con el cuidado de los animales.
Desde los 10 años los revolucionarios comenzaban a asignar labores de guerra y entrenamiento militar.
Los niños podían ya portar rifles y algunos eran enviados directamente al combate, hecho que era considerado un honor por los menores.
La principal tarea de estos pequeños era el espionaje, aunque también cuando era necesario le entraban al campo de batalla.
NIÑO SOBREVIVIENTE
El día de hoy queremos rendir un homenaje a todos esos pequeños que arriesgaron su vida para tener un país más justo, sobre todo a un pequeño niño del estado de Chihuahua que tenía alrededor de 12 años cuando entró a la bola, un pequeño que cuando fue detenido por los soldados federales lo hicieron cavar su propia tumba.
Gracias a Dios una mujer enfrentó a sus captores diciéndoles que era solo un niño inocente, fueron tan elocuentes las palabras de ésta buena mujer que los pelones dejaron ir al niño diciéndole que no querían volverlo a ver.
El niño corrió con todas sus fuerzas para huir de la muerte, aunque nunca dejó de pelear en la bola bajo el mando de Pancho Villa por un México más justo.
Este pequeño salió vivo de la Revolución, en su vejez contó sus hazañas a sus nietos que lo escuchaban con asombró. ¡Honor y gloria para todos los niños revolucionarios!
Texto: Historias de tierra sagrada, mi México/ Infancia y Revolución de Tania Carreño King.