- Los comercios sobrevivientes dependen enteramente de las herramientas tecnológicas y de la recomendación de boca en boca.
Por Telésforo Enríquez / Zunoticia
Matlapa, S.L.P.- La modernización y ampliación de la carretera federal Tamazunchale–Matlapa fue proyectada como una obra cumbre para agilizar la conectividad en la Huasteca Potosina; sin embargo, el trazo de la nueva infraestructura trajo consigo un severo impacto socioeconómico que transformó por completo el paisaje comercial de la zona. A lo largo de este tramo, decenas de comercios locales que durante décadas operaron a orilla de carretera, desaparecieron de la noche a la mañana, sepultados bajo las modificaciones geográficas y los nuevos niveles del asfalto. Esta reconversión forzosa despojó abruptamente a múltiples familias de su único sustento económico, dejándolas en la vulnerabilidad tras ver demolidos o aislados los locales donde fincaron su patrimonio, sin más alternativa que asimilar la pérdida y buscar vías emergentes de subsistencia para obtener ingresos.

Un claro ejemplo de esta problemática, lo vive don Héctor Cruz Martell Macías, un experimentado chef con una trayectoria de 31 años en las cocinas del emblemático Hotel Camino Real de la Ciudad de México, quien, tras ser liquidado decidió emprender en su tierra natal.
Desde hace casi 26 años, don Héctor consolidó el restaurante “Sabor a Mí”, un referente gastronómico de la región que hoy padece los estragos colaterales del nuevo trazo vial; el comerciante relata con preocupación que, mientras en el pasado los automóviles transitaban a escasos 15 metros de su puerta, la nueva infraestructura ha desplazado la circulación vehicular a una distancia de entre 500 metros y un kilómetro cuesta arriba, dejando a su emblemático negocio marginado de la vista directa de los viajeros.
El comerciante señala que esta desconexión geográfica obligó a un cambio radical en las dinámicas de captación de clientes, forzando a los comercios sobrevivientes a depender enteramente de las herramientas tecnológicas y de la recomendación de boca en boca. Destaca que, en la actualidad, quienes transitan por primera vez la zona ya no descubren estos paradores de forma visual, sino que se ven obligados a rastrear la ubicación de los negocios mediante plataformas digitales como Google Maps, para poder localizarlos en las rutas alternas.



Dijo que, ante este panorama, el sustento de las familias que aún resisten ya no depende del flujo natural de la carretera, sino de la lealtad de comensales que viajan desde lugares lejanos, como Jacala o Tampico, motivados exclusivamente por la reputación, el servicio sin horarios fijos y la alta calidad culinaria que los restauranteros se esfuerzan por mantener, a pesar del aislamiento.
Refirió que lejos de rendirse ante el embate de la modernidad, indica que los microempresarios de la Huasteca han optado por la resiliencia y la reinvención como la única vía para garantizar sus ingresos y salvaguardar los empleos que de ellos dependen, dijo que, en el caso de “Sabor a Mí”, don Héctor Cruz Martell apuesta por una ambiciosa innovación de su menú culinario, proyectando integrar a su ya variada carta, platillos de alta cocina como sopa de mariscos, pozole de mariscos y filete de negrilla con uvas al vino blanco, adaptándose siempre a los presupuestos de la gente, sin demeritar la calidad.
Finalmente, destaca que la realidad de la ruta Tamazunchale–Matlapa evidencia la urgente necesidad de generar estrategias de desarrollo que armonicen la infraestructura carretera con la protección de las economías. “Detrás del asfalto hay familias enteras que luchan diariamente por no quedar en el olvido, la supervivencia de estos negocios dependerá ahora del apoyo de la misma población y de la capacidad de los emprendedores para transformar la crisis en una oportunidad de innovación”, concluyó.