Por: Cruz Ramírez Ana Lilia / Zunoticia.
Tamazunchale, S.L.P.- El 2 de octubre se recuerda la masacre de Tlatelolco, un movimiento estudiantil que se manifestaba contra el Gobierno Federal por la represión, en donde estuvo presente y fue testigo Octavio Castillo Mendoza, pintor, muralista y escultor de Tamazunchale.
En entrevista señaló que tenia 15 años cuando decidió estudiar la carrera de Física y Matemáticas, presentando su examen en la Escuela Superior de Ingeniería, Mecánica y Eléctrica (ESIME) del Instituto Politécnico Nacional (IPN).
En donde fue aceptado en el año de 1968, en la vocacional número 3, el cual estaba ubicado cerca de la Plaza Santo Tomás, las instalaciones del Canal 11, la Facultad de Ciencia Bilógica y la primera Escuela de Formación de Técnicos Profesional del IPN “Wilfrido Massieu”.
Recordó lo que vivió en esos días, cuando comenzó el movimiento, se encontraba en clases cuando ingresó un compañero de la Vocacional 2, y lo invitó a una manifestación porque habían sido reprimidos, a raíz a un problema que se registró en una Escuela Particular “Isaac Ochoterena”.
Emocionado sin medir los riesgos y consecuencia, se unió al movimiento, invitando a su amigo de trabajo Jorge Luis Rivera Bernal a quien le pidió que los acompañara, se unieron a la manifestación que se llevó a cabo en el Zócalo, en donde los acorralaron los antimotines del Ejercito Nacional.
Como pudo logro escaparse, pero perdió su amigo Jorge, días después supo por sus padres que había muerto, y que se encontraba en la morgue.
Fue cuando dimensionó el movimiento, fue cuando se adentro a las manifestaciones que se celebraban en gran parte de la Ciudad de México.
Hasta que los convencieron de que ya habían llegado a un acuerdo, convocándolos en las Plazas de Tlatelolco, en donde se vivió la masacre, en donde recibió un impacto cerca de la ceja, cayendo al suelo y. donde se desplomaban más cuerpos de sus compañeros.
Siendo testigo como un soldado le estaba dando el “tiro de gracias” a los que aun estaban con vida, no recuerda como, pero logró salvarse de aquella matanza.
Fueron sus padres quienes, al enterarse de lo sucedido, fueron por él y lo regresaron a la Huasteca Potosina, parte de la historia que le marcó su vida, por lo que ahora a su manera busca los niños, niñas y jóvenes valoren su patrimonio cultural, enfocado en la cultura la forma más amplia de reconocer la ideología de los pueblos originarios.




