• “Porquería de obra”, “no hace falta ser ingeniero o arquitecto para saber que está mal”, “son chingaderas de obra”, “no les tenemos confianza” fueron algunas de las muchas expresiones de las autoridades de Rancho Viejo, representativos de gente trabajadora del campo, cuya subsistencia implica trabajo en el jornal; hablantes náhuatl que por años su condición de la gente de poder político y económico, los hace víctimas del uso de los recursos públicos que llegan a la federación, Estado o Municipio, bajo el concepto de desarrollo de pueblos indígenas, y quien al final sufre de fraude es el pueblo, y quienes se quedan con los recursos son los privilegiados en el sector político bajo una cadena de mando, cuya única explicación es la deshumanización de la función pública.
• El concepto de que los sectores sociales indígenas pasan a ser simple estadística, dinero, contratos, mano de obra, sindicatos, complicidad y un concurso sobre quién será el privilegiado, repartición de ganancias a un sector, cuyos apellidos en Huejutla para algunos es símbolo de poder, posar la rodilla y rendir tributo a la vanidad, la idolatría, el orgullo y egoísmo.
• Pero ahí están estacionados en contexto de reconquista con asuntos materiales, religiosos, económicos, coludidos unos y otros, de arriba a abajo, una cadena de poder que comercializa la dignidad humana, la voracidad de una historia que somete al pueblo y lo cambia de camiseta para seguir en el uso de una herramienta para que la sociedad se mantenga engañada.
• No hace falta ser ingeniero ni arquitecto o ingeniero civil para saber que las obras están mal, que los afectados son los pueblos originarios, ni tampoco hace falta ser contador para entender quién, cuánto y cómo despojan al pueblo de sus recursos públicos, y el disfraz está muy visto, muy trillado.
• No debiéramos estar hablando de una historia fallida, debiéramos estar hablando de ex alcaldes y constructores en la cárcel, debiéramos estar considerando porqué no pasa nada con estos, quién los protege en la huasteca y si la historia seguirá siendo contada de un solo lado, de los que siempre han tenido el sartén por el mango o que el pueblo tenga incluso que mantener una actitud de que otra vez voy a perder, porque simplemente no pasa nada extraordinario y no hay ley para algunos, si la hay para el que se roba un bolillo porque tiene hambre y se mantiene como en tiempos del porfiriato el privilegio a los hacendados ricos que tenían el derecho de robar, de azotar al pueblo.
