2026-04-02 00:24:20
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“Tamal de dedo”: Ancestral comercio del Barrio San José Potrero

Por Salvador Altamirano/Zunoticia

Huejutla, Hgo.- “El origen del tamal es incierto, no se le puede atribuir a ninguna cultura, sin embargo, hay una gran variedad en las cuales tiene preponderancia en su preparación el maíz, como el zacahuil, que simboliza la gastronomía huasteca”.

Lo anterior, fue expresado por el profesor Gildardo Montaño Espinosa, nativo del tradicional Barrio de Tahuizán, quien agregó que, en el aledaño sector de San José Potrero, es de venta ancestral el “tamal de dedo”, llamado así porque al estar elaborado con masa aguada es costumbre, hasta la fecha, comérselo con un dedo.

Rememoró que cuando tenía seis o siete años, hace más de 60 ya que tiene 67, su abuelita que se llamaba Tirsa Sánchez, ya casi al oscurecer lo enviaba con unos primos, también pequeños para que se hicieran compañía ya que había que cruzar una zanja en donde decían que salía la Llorona, y que asustaban, a comprarle “tamales de dedo” a un señor que se llamaba Brígido Rivera Hernández, mejor conocido como el Huehue.

Agregó que, cada quien llevaba una cubetita que siempre traían repletas, ya que daban cuatro tamales por un peso, “a veinticinco centavos cada uno, que pagábamos con aquellos billetes de color rojo y monedas de tostón con la imagen de un azteca. Nos mandaban dos o tres veces por semana, y los comíamos en cena familiar, no con el dedo, sino con ‘tochones’ y café negro de la olla”.

Refirió que la preparación del “tamal de dedo” no era privativo del Huehue, se hacían y vendían en otras casas, muchas de ellas de la calle California, las cuales aunque semidestruidas por el transcurso del tiempo, siguen soportando los inclementes embates del mismo y donde sus descendientes continúan con el comercio familiar que ahora ejercen en el mercado municipal.

Para finalizar, Montaño Espinosa subrayó, “esas inolvidables cenas familiares con ‘tamales de dedo’, tochones y café recién hechecito, para los que estábamos niños eran de ‘fantasía’, ya que después de comer los adultos, con el propósito de que fuéramos a dormir temprano, ya que no había luz eléctrica, nos alumbrábamos con candil; nos contaban cuentos de espanto, posiblemente inventivas generadas en sus fantasías”.

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