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A cada transformación, le llegó una intervención

  • La historia se escribe día con día y el hecho de que las acciones intervencionistas hayan tenido lugar en el pasado, por ningún motivo significa que deban repetirse. Pero no sería la primera vez…

Por José Luis Guevara

El fusilamiento del emperador Maximiliano (1867), Édouard Manet

Ciudad de México. – Uno de los mayores aciertos del régimen actual, desde la perspectiva de la comunicación política, es haberse auto asumido y eficazmente promovido como la cuarta transformación de la vida pública del país.

Si bien no es sencillo ubicarse históricamente al nivel de la Independencia (1810-1821), la Reforma (1858-1861) y la Revolución (1910-1917), es aún un mayor logro que buena parte de la opinión pública nacional de forma común lo acepte -incluida la oposición- y se refiera al movimiento de Morena y sus aliados como la “4T”.

No pretenden estas líneas debatir si los méritos son o no suficientes ni si los objetivos planteados se han cumplido1. Esa tarea corresponderá a los historiadores y, en última instancia, al pueblo de México. Lo que sí pretenden es realizar una anotación estrictamente histórica: a cada una de las tres transformaciones anteriores les llegó una intervención armada extranjera durante o inmediatamente después de su época.

El movimiento independentista, por definición, se enfrentó a una intervención externa. Hubo soldados de la corona española en San Juan de Ulúa hasta noviembre de 1825, cuatro años después de consumada la Independencia.

Después de tres años de Guerra de Reforma, siguieron inmediatamente cinco más de intervención francesa (1862-1867).

En plena revolución mexicana, el activismo de Henry Lane Wilson y su apoyo a Victoriano Huerta derivó en el golpe de Estado contra Madero. En febrero de 1913 la marina norteamericana bloqueó los puertos de Acapulco, Tampico y Veracruz -en contra del propio Huerta. Después vinieron el ataque y ocupación del puerto de Veracruz en 1914 y la “Expedición Punitiva” contra Francisco Villa en 1916.

Deseoso estoy de que la cuarta transformación sea la feliz excepción que rompa la regla. También de que las palabras dichas más de una vez por el presidente Trump tengan como respuesta una convincente estrategia diplomática y de combate al narcotráfico que evite que se traduzcan en un desafortunado ataque a nuestro país.

La historia se escribe día con día y el hecho de que las acciones intervencionistas hayan tenido lugar en el pasado, por ningún motivo significa que deban repetirse. Pero no sería la primera vez que una potencia interviene en México durante un proceso de transformación.

La manera en la que cada generación de mexicanos, en su tiempo, afrontó -preferiría utilizar el verbo “evitó”- dichas intervenciones constituyó la prueba de fuego para ganarse el indiscutible lugar en la historia de México que aspiraron a ocupar.

“La Cuarta Transformación de la Vida Pública Nacional se ha propuesto erradicar la corrupción, construir un Estado de bienestar y de derecho y heredar un país libre, democrático y soberano, en el que la política se oriente por el principio del servicio a los demás y en el que el desarrollo no deje fuera a nadie. Para cumplir tales propósitos es obligado impulsar una revolución de las conciencias, esto es, construir una nueva ética humanista y solidaria que conduzca a la recuperación de valores tradicionales mexicanos y universales y de nuestra grandeza nacional”. Gobierno de México, Guía Ética para la Transformación de México (2020).

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