- “Al llegar la plenitud de los tiempos, envió Dios a su Hijo nacido de una mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estábamos bajo la ley. Nuestra alegría proviene de la certeza de que el Señor está cerca con su ternura, su perdón, su misericordia y su amor”: José Hiráis Acosta Beltrán.
Por Enedino Hernández/Zunoticia
Huejutla, Hgo. – La Diócesis de Huejutla de Reyes a través del VIII Obispo de Huejutla, Monseñor José Hiráis Acosta Beltrán y el Secretario Canciller, Padre Israel Arriaga Flores; emitieron durante este día el Mensaje de Adviento-Navidad 2021; mensaje que es dirigido a los hermanos Sacerdotes, Diáconos, Religiosos, Religiosas y fieles laicos.
Destacan en su comunicado que el tiempo de Adviento es un tiempo para reconocer los vacíos que hemos de colmar en nuestra vida, para allanar las asperezas del orgullo y dejar espacios a Jesús que viene; por lo que preparemos la venida de Jesús contemplando las figuras de María y José, quienes gastaron su vida en el servicio a los demás, permanezcamos como San José, como centinelas en la noche, atentos a la luz de Cristo en nuestros hermanos más pobres, especialmente en el servicio desinteresado a nuestros hermanos de los pueblos originarios.
Gracias a que en nuestra Diócesis contamos con presencia considerable de Pueblos originarios, lo cual representa una oportunidad para descubrir en ellos el rostro de Nuestro Señor Jesucristo. Como María y José, abiertos siempre a la vida, pues si abrimos las puertas a la vida, todo adquiere una nueva luz y la familia, el trabajo, el dolor, la salud, la amistad, se convierten en ocasiones para descubrir su presencia consoladora, la presencia de Jesús en nuestra vida, la presencia del Emanuel, el Dios que viene, Dios con nosotros y para dar testimonio de su presencia a los demás; abramos nuestro corazón a la Navidad.
Subrayan que actualmente nos alegra la esperanza de celebrar próximamente el primer centenario de erección de nuestra Diócesis de Huejutla; un gran acontecimiento y oportunidad para agradecer al Señor este gran don de peregrinar en este territorio Diocesano con la firme y constante esperanza de ver cada día mejores signos de un cielo nuevo y una tierra nueva, motivada por la constante siembra y ver germinar las semillas del Reino de Dios. Pero también de continuar en espera orante de más signos de dicha presencia, pues seguimos siendo testigos de la presencia del mal que permea en muchos ambientes de la vida de los pueblos de nuestra región, entre ellos: la pobreza causada por estructuras injustas, la emigración por falta de empleo en nuestra región, promesas electorales sin cabal cumplimiento.
Así como la Pandemia por Covid19 que ha llevado a muchos cristianos a la comodidad en cuanto a la participación en el sacramento de la Eucaristía, pues muchos, bajo excusa de riesgo de contagio ya no participan en la Eucaristía dominical o en las acciones pastorales que se promueven, además, se observa crecimiento del alcoholismo y drogadicción, así como familias divididas o, en muchos casos, destruidas; también muchas otras situaciones sociales, culturales y políticas plasmadas en nuestro Plan Diocesano de Pastoral, que requieren de atención pastoral a fin de que vaya habiendo mayores signos de conversión.
Piden que el tiempo de Adviento nos ayude a todos a caminar hacia Belén, dejándonos atraer por la luz de Dios hecho hombre, y que esta nos ayude a ver nuestras limitaciones humanas que se expresan en el pecado para abrir nuestro
corazón a la conversión constante; pongámonos en camino hacia Jesús, hacia su Reino de justicia y de paz.
Por otra parte, exponen que la Navidad es la fiesta de la confianza y la esperanza; el motivo de la esperanza es que Dios está con nosotros, confía en nosotros y nunca se cansa de nosotros; Él no se cansa de perdonar; somos nosotros quienes nos cansamos de pedir perdón; viene a morar con los hombres, puso su morada para estar con nosotros y asumir las realidades donde pasamos nuestros días.
Para el Papa ésta es la enseñanza del pesebre; para que sea verdadera Navidad no olvidemos que Dios viene a estar con nosotros y nos pide que cuidemos a nuestros hermanos, especialmente a los más pobres, los más débiles, los más frágiles, a los que la pandemia amenaza con marginar aún más.
Concluyeron insistiendo que no dejemos que la Navidad se contamine con el consumismo y con la indiferencia, pues en Navidad Dios se hace familiar, vive con nosotros dando un ritmo de esperanza a nuestros días; por lo tanto, en palabras del Papa Francisco: no vivamos una Navidad falsa, una Navidad comercial, sino dejémonos envolver por la cercanía de Dios, cercanía tierna y compasiva; envueltos por el ambiente navideño, que el arte, la música, los villancicos y las tradiciones alegren nuestros corazones y nos dispongan a recibir las múltiples bendiciones traídas por el nacimiento del Señor.