Por Salvador Altamirano/Zunoticia
Huejutla, Hgo.- “Las calles importantes de la población ostentan nombres de políticos de nuevo cuño, Huejutla realmente ya no es de los huejutlenses, si no de gente que ha llegado, lo que en muchos casos es una bendición y en otros una verdadera tragedia, por el daño patrimonial que le han hecho a este pueblo grande que se le llama ciudad, pero que no ha avanzado en concordancia con los nuevos tiempos”.
Lo anterior, fue expresado por el historiador y cronista, Jorge Luis Juárez Vega, quien agregó que si se hiciera un censo del año 2000 a la fecha resultaría que solamente uno o dos ex-presidentes municipales son nativos de aquí, lo cual es derivado de la improvisación y desaseo social que hay en Huejutla, un pueblo que no responde a los intereses locales de progreso y bienestar que se merece.
Subrayó que, la nomenclatura del pueblo está prácticamente destruida, los nombres de los héroes revolucionarios reducidos a los callejones más escondidos, sin embargo, hay incluso colonias con nombres de gente que han enfrentado procesos penales, y vuelven a ostentar cargos en los gobiernos por el olvido ciudadano.
Lo cual -añadió-, ha sido culpa en gran parte por la perversidad de anteriores políticos del altiplano, a quienes les interesa tener dividido a este pueblo, a quienes definitivamente les importa solamente el poder, y han tapado los huecos que se le han hecho al erario público en complicidad con infinidad de autoridades. En Huejutla -dijo-, no hay compromiso ciudadano, hay complicidad ciudadana.
En el mismo contexto acentuó que, aquí han nacido personas muy destacadas, que han arriesgado su vida por el pueblo, y no se les reconocen esas acciones; muestra de ello son los generales revolucionarios Francisco de P. Mariel, los hermanos Azuara y Cerecedo Estrada, que una vez terminada la Revolución lo único que lograron fue que les invadieron sus propiedades.
Juárez Vega comentó que, aunado a ser despojados de sus tierras, fueron desacreditados a nivel nacional por políticos del altiplano, a quienes habían proyectado, que después hicieron de la región y de Huejutla una población olvidada, a la que llegó la carretera hasta 1932.
Pero poco podemos hacer -concluyó-, con una ciudadanía confundida, acostumbrada permanentemente a la dádiva, y no a lo que puede exigir y merece de acuerdo con su potencialidad.