2026-05-06 02:24:56
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La tromba se lo llevó todo, familias piden solidaridad

  • La familia Hernández fue la más afectada.

Por Karen Rivera/Zunoticia

Huejutla de Reyes, Hgo.- Papeles, libros de texto del nuevo ciclo escolar, el refrigerador, las camas, el televisor, la ropa, enseres y lo poco que tenían para subsistir le fue arrebatado por la creciente del río a la familia Hernández, en el Barrio Tlalpani en Macuxtepetla.

Entre un arroyo y el caudal del río, en una choza humilde, labrada con sueños, habita la familia Hernández, lugar en que, a pesar de su precariedad, se siente el calor del hogar.

Bajo un ambiente desolador, doña María Nicolasa Hernández Hernández, junto con su esposo y sus nueras retiraban el escombro que dejó el paso de la tromba.

Con una mirada triste y sin perder la esperanza, doña María abrió las puertas de su de su hogar para documentar los daños tras la creciente.

Fue alrededor de las 7:00 de la tarde del 8 de septiembre del 2025, cuando una tromba se desató en el municipio e incrementó el caudal en menos de media hora, subiendo hasta metro y medio, sin que la corriente les permitiera sacar sus pertenencias, sin embargo, abrazaron lo más sagrado que tienen, su familia.

Tras lograr sacar a los niños y ponerlos a salvo el esposo de doña Mari regresó a su domicilio para salvar las pocas pertenencias que tienen, pero el caudal del río se llevó, todo incluso a dos cerditos que estaban en un corral.

Tres parejas son las que se refugian bajo aquella choza humilde, Eduardo y Silvia Hernández; Ana Griselda y su pareja, además de los niños, doña Mari y su esposo.

Hoy solo queda levantar la vista y abrazar una esperanza, en espera de que el gobierno y la solidaridad del pueblo pueda hacer algo por ellos.

Doña Mari narró que se dedican a la venta de palmilla y justo este 9 de septiembre entregarían un pedido, pero, el esfuerzo y arduo trabajo no valió la pena, el caudal del río les arrebató los 130 rollos.

El poco de alimento que quedaba en el refrigerador se echó a perder con el agua, sin dormir, con cansancio, continuaban con las labores de limpieza y con el temor de que nuevamente el río se fuera a desbordar.

Mientras ellos hacían la tarea más pesada, los niños pequeños eran cuidados por sus hermanas a la orilla de la fuente y por un momento, un tanto temerosos, avisaron a sus padres y abuelos que nuevamente comenzaría a llover.

Hoy doña Mari, su familia, así como los demás afectados por el incremento de este afluente, están en la espera de la ayuda para poder levantarse de nuevo y contar con un lugar acogedor donde pasar la noche.

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