………………Que en Jaltocán el presidente municipal Iván Lara Tovar está preocupado por la salud de sus vecinos y no quiere hacer El Carnaval que requiere el pueblo, lo anterior, porque la subsecretaria de Protección Civil del Gobierno del Estado Berta Tovar, le prohibió hacer un evento que ponga en riesgo la salud de sus vecinos, aunque el festejo de cumpleaños del presidente una semana atrás, no hubo objeción y ni siquiera una observación que ameritaba el caso porque desde medio día sus vecinos, hasta altas horas de la madrugada, les tuvieron que aguantar los berridos, gritos y música estridente.
Que la fiestecita estuvo muy bien amenizada, pero además, el contraste ya lo comenta el pueblo entero, mientras recibe a pachuqueños y se festeja el presidente en este momento de austeridad, atiende personas sin medidas de bioseguridad, pues asegura que ni modo que las gaseosas se las tomara con cubre bocas; la controversia comenzó, porque los defensores de cultura quieren Carnaval y el presidente dice no por medidas de seguridad, pero sí a fiestas particulares, lo que el contraste ha marcado tendencia en su pueblo chico con infierno grande, como la película.
Por cierto, el primero que dio abrazo al alcalde fue el ex candidato a la alcaldía de Movimiento de Regeneración Nacional, hoy regidor Miguel Ángel Monterrubio, con quien ya tiene un excelente pacto de confianza como buenos de izquierda, de esos que hacen todo lo contrario (de no mentir, no robar y no traicionar al pueblo) alcanzaron a entenderse en diálogos privados y hoy son amigos, en los que estos acuerdos están por encima de las necesidades de los pobladores.
Pero los ciudadanos ya entendieron de qué se trata el juego, que la bandera de izquierda es para aprovechar el momento y el regidor ya no está en el municipio, no atiende a sus vecinos, pues dejó de contestarles el teléfono, dejó de lado las gestiones para la gente, pues ahora anda trabajando en el senado de la república con José Narro, ya sabe, con que asista cada quincena a cobrar, finalmente ya es amigo del alcalde y Guillermo Amador. Mientras exista esos entendimientos de izquierdistas, las necesidades del pueblo pueden esperar.
El regidor pide encarecidamente que lo dejen recuperarse con dos suelditos, esa gente es muy desconsiderada, no entiende que la gente de poder también tiene necesidades y prioridades, como hacer pactos de no agresión, de no ver, oír y callar, que los abusos de gobierno, del que se comenta incluso de tener lista de aviadores y daño al patrimonio no importa; cuando se tiene la necesidad de ver primero por lo que deja y después por esa gente rijosa que anda criticando todo ……………….. Estamos en temporada de Carnaval y la gente quiere estar a la altura del momento, van dos años sin este tipo de eventos y algunos están preocupados porque consideran se pueden perder tradiciones muy importantes para los pueblos, danzas y contextos que siguen vivos desde los tiempos prehispánicos; algunas danzas pervertidas por el manoseo de esta nueva pluriculturalidad que tiene nuestro México.
La Danza de los Mecos de origen Chichimeca que no era otra cosa que pueblos nómadas o seminómadas, por eso la danza se encuentra en todo el centro del país, eran los más fieros el Guachichil o cabeza colorada, que es el pigmento que usaban de color rojo y gorros puntiagudos, no llevaban prenda alguna, algunas veces los varones con hojas tapaban sus genitales y las mujeres con piel de la cintura a la rodilla en frente y trasero. Huaraches con suela de cuero. Los guerreros se despojaban de alguna indumentaria para entrar en combate.
Las marcas en el cuerpo o tatuajes distinguían de una tribu a otra, además de collares y aretes, arcos y flechas. La danza “a lo chichimeca” era una representación bélica, con plumas, alas, diademas y águilas sobre la cabeza.
Si bien se usa con connotaciones en tiempos de carnaval, asemejando tiempos remotos y con exposiciones variables en vestimenta distinta, en realidad se mantienen ceremonias intactas en nuestra huasteca hidalguense realizando el proceso de pintado con tierra o arcilla del río, pigmentos de flor y fruta, como una perspectiva muy nuestra que se mantiene viva.
